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El Blog de Enrique Nieto

 

 

 

Publicado: 24/04/2012

 El delegado del Gobierno rico. En una plaza de Murcia, un matrimonio mira los carteles, que hay en varios locales, en los que puede leerse ‘Bascuñana vende’, ‘Bascuñana alquila’. El hombre le dice a la mujer: ‘Mira, Josefa, la cantidad de pisos que tiene por toda Murcia el delegado del Gobierno, para que veas que con la política se gana dinero’. Una militante del PP, que pasa por allí en se momento, se dirige a ellos: ‘Perdonen ustedes que me meta en su conversación, pero ese ‘Bascuñana’ es una inmobiliaria que no tiene nada que ver con el delegado del Gobierno’. Los otros la miran con desconfianza y se van. 

 

Sin agua corriente. Un hombre joven a otro, en la puerta de una caja de ahorros: ‘Vengo a ver si me adelantan la devolución de la declaración de la renta. Es que estoy seco, tío’.

 

Cultura de verdad. En el MUBAM y en el LAB de Murcia pueden escuchar un proyecto realmente especial. Un profesor de Música del instituto Floridablanca, Juan Jesús Yelo Cano, llevo a sus alumnos de 2º de la ESO al museo y los invitó a que escogieran un cuadro y crearan los sonidos que componían su paisaje sonoro. Cada chico o chica elaboró una pequeña pieza que describía los sonidos que él veía o sentía en la figuración del cuadro, o en su abstracción, pues también han trabajado con pintura conceptual. Puedo asegurarles y les aseguro que el resultado es un trabajo realmente espectacular, pero, sobre todo, es un ejemplo de motivación, de cómo acercar a los alumnos al mundo de la Cultura con inteligencia.

 

Dedicación. Luego habrá quien diga que los profesores curran poco. ¿Cuántas horas fuera de su aula habrá tenido que echarle el profesor de Música a este proyecto? Y también hay quien dice que los alumnos pasan de todo: pues bien, yo escuché un montón de paisajes sonoros de los cuadros y estaban llenos de hallazgos expresivos; quiero decir que ellos también tuvieron que pensar y buscar cómo ambientar un cuadro de Pedro de Orrente, o de Garay, por ejemplo. 

 

Que salga. Un hombre en un bar: ‘Nene, ponme otra caña y que salga el sol por Antequera’.

 

Solo tiene eso. Hay un árabe, que vive en la calle, al que de vez en cuando ayudo, aunque quizás no debería, porque se lo gasta todo en cartones de vino y está físicamente muy deteriorado. El otro día me vio, se acercó y me pidió. Le di algo. Entonces él me dijo: ‘dame un cigarro, amigo’. ‘Ahora no fumo’, le respondí, y él, con ese aspecto horrible, casi sin dientes, con voz aguardentosa y en un español horrible me dijo: ‘Me alegro mucho que no fumes. Tabaco malo para salud. Mucho malo para mí también’ y, haciendo una pausa, añadió: ‘Pero yo no tengo nada más’.  Conmovedor, ¿eh?

 

A tope. El otro día oí a un tertuliano de esos muy facha, muy facha, muy facha, decir algo con lo que estoy de acuerdo. Hablaban de los recortes del Gobierno y este hombre comentó: ‘lo que tiene que hacer Rajoy es dejar de pegarnos ‘pellizcos de monja’ todos los días, quitando cada vez un poco de algo: que si las tasas universitarias, que si lo de las recetas de los pensionistas, que si esto y que si lo otro. Hay que entrar a saco de una vez, cargarse todo lo que sea para conseguir el déficit previsto, sin ninguna piedad, a tope, y, hala, que cada uno se arregle como pueda. Para eso le hemos dado los votos la mayoría’. (Quiero decir que estoy de acuerdo con que se acabe esto de que cada día nos quiten algo).

 

Duda. Una chica hablando por el móvil: ‘Pero, ¿follésteis?’ (Lo dijo así, no me he equivocado yo. Lo que no sé es si este verbo significa algo distinto al otro).

 

Receta larga. Hice albóndigas de bacalao e invité a cenar a unos amigos estupendos. Lo pasamos de cine. El amigo me pidió la receta, para que se la diera allí mismo, en la mesa, como si eso fuera posible. Hacer unas buenas albóndigas de bacalao en salsa se lleva horas y horas, casi semanas.

 

 

 

 

 

Publicado: 24/04/2012

  En el año del catapún, cuando yo comencé mi carrera como profesor, solíamos tener en clase un número indeterminado de alumnos, y digo indeterminado porque la cantidad respondía a un único hecho: el total de chicos y chicas que se matricularan en ese curso, ese año. Al estar en un colegio privado, cada alumno suponía un ingreso mensual, y, como ustedes pueden pensar, nadie se iba a cortar por la idea de que cuarenta y tantos alumnos por aula era quizás algo exagerado para poder enseñar, en mi caso, un idioma extranjero. Lo que importaba es que, a más alumnos, más dinero y mejor negocio para los accionistas de aquel colegio.

 

A lo largo de los siguientes años, la idea de que, con menos alumnos en el aula, se enseñaba mejor caló en la sociedad. El seguimiento lo más personalizado posible de los estudios de los  chicos y las chicas claramente daba mejores resultados. La posibilidad de dedicar un cierto tiempo tanto a los más brillantes para que desarrollaran todas sus capacidades, como a los que necesitaban un ritmo más lento para llegar a un nivel medio se impuso en las aulas, y, si no había muchos alumnos, este proyecto era posible. 

 

En cuanto a los idiomas, muchos de los profesores de inglés o francés de los institutos incorporamos las destrezas orales en el funcionamiento de nuestras clases, llegando incluso a conseguir en algunos centros que, una hora a la semana, pudiéramos dividir el grupo en dos subgrupos para llevar a cabo ejercicios de conversación con los chicos y chicas. Por todas partes nos llegaban informes y noticias sobre la capacidad de los estudiantes europeos para entenderse en inglés, mientras que los nuestros sabían bastante gramática y vocabulario, pero apenas podían comunicarse cuando salían de España por falta de práctica. Muchos de los profesores de esta materia tomamos con el máximo interés la idea de que esto cambiara, pero, claro está, conseguir destrezas en la comprensión y expresión oral de un idioma necesita atención personalizada, es decir: si yo tengo cuarenta alumnos en un aula y le pregunto al primero: ‘What’s your name?’, cuando llego al último han pasado dos días y dos noches y eso sirve para poco.

 

Pero es que, además, no se pueden ustedes imaginar lo bien que recibían  los alumnos estas prácticas de lengua hablada, porque les veían el provecho de inmediato. Dedicar un tiempo de clase a desmenuzar una canción de moda haciéndoles ver que, además de ese ritmo que les gusta hay una letra interesante detrás era para ellos muy motivador y se conseguía que se les sensibilizara la oreja, aunque deba insistir en los mismo: eso solo es posible y efectivo con un grupo no muy grande de alumnos en el aula, con profesores de apoyo que colaboren en el desarrollo de los que lo necesiten y con una enseñanza lo más personalizada posible.

 

Y, como alguno ya habrá sospechado, escribo esto para que quede claro que ese veinte por ciento más de alumnos por aula que quiere el Gobierno significa un cambio importante, y que la falta de profesores de apoyo también significa algo: que la enseñanza será peor, sencillamente eso: peor, independientemente de lo que supone echar a miles de profesores interinos a la calle, que eso es un dolor.

 

 

 

 

 

Publicado: 24/04/2012

  Quizás la mayor seña de identidad del ser humano de hoy en día sea el teléfono móvil – bueno, o el i phon, o el smart, o el que sea -. Si un alienígena aterrizara en este planeta perdido en la inmensidad del universo, y tuviera que enviar a su nave nodriza un informe sobre los habitantes de la Tierra, sin la menor duda diría que somos unos seres con una cabeza, dos piernas, dos brazos, etc. que llevamos un teléfono móvil en la mano, que hablamos continuamente por él, o enviamos mensajes, o los recibimos y los leemos, estemos donde estemos, con quien estemos, o haciendo lo que estemos haciendo, además. 

 

Los de mi generación hemos vivido esta historia desde el principio, es decir, hemos sido testigos del advenimiento del teléfono móvil, desde la más absoluta rusticidad, hasta la sofisticación del último ladrillo conectado a Internet con los servicios disponibles desparramándose por la pantalla. Hace años, no tantos como puede parecer, el padre de unos amigos se puso enfermo. Sufría un síndrome extraño por el que, de un modo inesperado, en cualquier momento comenzaba a perder la lucidez, a encontrarse perdido donde estuviera e incapaz de recordar quién era o qué estaba haciendo allí. Estos ataques se producían de tarde en tarde y él quería seguir teniendo la actividad que desarrollaba, así que sus hijos, que eran gente acomodada, decidieron conseguirle un teléfono inalámbrico que llevara siempre encima y con el que pudiera avisar cuando comenzara a sentir los primeros síntomas de su problema.

 

Un día, vi al padre de mis amigos por la calle. Efectivamente, llevaba un teléfono móvil a la cintura. Era un aparato bastante grande que probablemente ustedes hayan visto en alguna película de guerra, pues era uno de esos que usaban los militares para pedir refuerzos urgentes desde la trinchera. El teléfono disponía de una antena plegable de al menos un metro y se podía comunicar con un receptor que estaba en su casa, así que, si se sentía mal, podía avisar. El último dato que les daré es su precio. Les había costado trescientas mil pesetas, que los hijos habían pagado a escote para conseguir la tranquilidad de su progenitor, por más que, por la calle, el padre pareciera un miembro del comando G.

 

De este hecho podemos pasar a la actualidad, en la que tu puedes estar charlando con alguien de cine, nombrar a Silvana Mangano y, de pronto, oir ‘ya viene el negro zumbón, bailando alegre el bayón’, saliendo de la pantalla del teléfono de otro contertuliano que acaba de conectarse, vía satélite, con la película ‘Ana’, es decir, con el pasado más remoto. Y, con el futuro, igual. Pero lo más extraño de todo esto es el grado de identificación de las personas con sus teléfonos, cómo es que, sin ellos, muchos no son nada.

 

Y las preguntas que me hago son estas: ¿Cómo podíamos vivir antes? ¿Qué era de nosotros sin andar por la calle mirando el móvil o dándole a la tecla? ¿Cómo era posible que llegáramos a casa sin haber llamado antes para decir: ‘voy para allá’? ¿Cómo un nene, o una nena, podía vivir sin saber nada de sus amigos hasta que se veían por la tarde en el parque? ¿Qué significa que yo antes supiera de memoria un montón de números de teléfono y ahora no recuerde ninguno pues solo tengo que apretar la tecla? ¿Por qué una amiga me dijo que un día se olvidó el móvil en su casa y, hasta que se lo trajeron al trabajo, tuvo todo el tiempo una sensación muy parecida a la de no llevar bragas?

 

 

 

 

 

 

Publicado: 24/04/2012

 Estimados bichos:

 

Lo primero que quiero deciros es que, aunque no me conozcáis, os considero como cosa mía. Os he visto tantas veces en los documentales de La 2, me habéis servido tantas tardes para ir relajándome hasta echar una cabezada en el sofá, que materialmente lo sé todo de vosotros: de vuestras migraciones en busca de agua, de vuestra inteligencia para defender las crías ante los ataques de otros animales, de esos sentimientos que se dan solo en vosotros, los elefantes, cuando manifestáis pena si uno fallece; en fin, que os conozco bastante bien. Además, esos documentales y algunas lecturas me han hecho respetaros porque parecía que, si no eras conservacionista y estabas a favor de los animales, es que tú eras un poco animal. En la tele, nos explicaron que los únicos malos de la película eran los cazadores furtivos, y yo no tenía la menor idea de que existía una industria de la caza mayor con la que hacen caja unas compañías a base de que, los que pueden permitírselo, se gasten una pasta en mataros a vosotros y a otros animales, como leones, leopardos, hipopótamos, etc. para hacerse una foto con vuestros cadáveres al fondo. Que yo pensaba que eso era una cosa antigua, de cuando las películas de Clark Gable y Stewart Granger, y ahora resulta que todavía queda gente que disfruta pegándole un tiro a un bicho mientras come yerba o carne de herbívoro. Hay que joderse.

 

Pero ya sabéis lo que ha pasado: al tener un accidente nuestro Jefe del Estado, los españoles nos hemos enterado de que él estaba allí con su escopeta, mientras que nosotros estábamos aquí con nuestras penas, nuestros parados, nuestros recortes y la madre que nos parió a todos. Personalmente creo que cada uno tiene derecho a dedicar su tiempo libre a lo que quiera, pero, la verdad, bichos, la gente está algo escandalizada, y, sobre todo, desilusionada, porque en estos tiempos horribles por los que pasan varios miembros de su familia, SM parecía el baluarte de hacer las cosas bien. De vez en cuando leíamos que había hablado con un emir, o con otro rey o presidente de un país para conseguir algo importante para España, un buen contrato, una concesión, y nos daba la impresión de que estaba cumpliendo con lo suyo. Esto de que, en los tiempos que corren, se haya ido a pegar tiros a la selva nos ha sentado, valga la redundancia, como un tiro, y no es que una cosa nos haga olvidar las otras, pero nos hemos quedado tocados del ala en nuestro sentimientos políticos que ya andaban algo débiles ante los últimos acontecimientos en esta familia. 

 

Vosotros, los elefantes, tenéis una organización matriarcal y os manda una elefanta mayor y con experiencia. No sé como hacéis lo de la sucesión cuando la jefa de la manada desaparece, ¿votáis?, ¿hereda la hija de la que mandaba? Escribidme a vuelta de correo y dadme ideas de futuro.

 

¿Os cantaba la canción: ‘me voy a hacer un rosario con tus dientes de marfil’?

 

Un saludo,

 

 

 

 

 

 

Publicado: 24/04/2012

 Enfadado con el vicepresidente. Un señor de mi barrio, un hombre muy mayor, me para en la calle el viernes y me dice con voz bastante airada y blandiendo el bastón con el que se ayuda para caminar: ‘¿Has visto lo que ha dicho Bernal?, ¡que nos va a subir todavía más los impuestos!, ¡oye!, ¡con dos cojones, el tío!’.

 

Recato. Lo que dijo a continuación ni yo soy capaz de repetirlo aquí, pero utilizó el verbo ‘capar’.

 

Belleza. Vi una parte de la procesión de los Salzillos el viernes por la mañana en Murcia. Es espectacular lo que ocurre cuando le da el sol a las imágenes. Los brillos y las sombras hacen que las esculturas se llenen de vida, las expresiones de las caras se vuelven naturales, como si estuvieran concebidas para ser vistas así, en la calle, con el cielo azul de techo y el sol modelando los cuerpos. Realmente bello.

 

Aguantando el peso. Un hombre, con voz blandita, a su hijo que tiene en brazos mirando la procesión: ‘nene, ahora, cuando pase el trono, papá te va a dejar en el suelo un rato, porque papá tiene que descansar, que tú pesas mucho ya, y papá tiene los brazos que no se los siente’.

 

Música y voces. Cuando parecía que la música actual me había dejado de interesar, un día, oí en la radio del coche una voz que me fascinó. Dijeron que era de una tal Amy Winehouse, así que, en cuanto llegué a un ordenador, busqué a la poseedora de ese nombre y me convertí en un seguidor de la tan especial cantante hasta que murió. Hace poco, vi en la tele un recital en el Covent Garden de otra mujer que canta, Adele se llama, y, a pesar de que físicamente es muy desagradable, y cuando habla también, nada más abrir la boca y ponerse a dar gorgoritos me dejó totalmente encantado. Tiene una voz y un modo de cantar impresionante.

 

La mala uva española. Con el tema del accidente del hijo de la Infanta Elena se han dicho todo tipo de barbaridades por Internet. Pondré aquí la más suave: ‘Últimas noticias: Froilán y la prima de riesgo se disparan’.

 

Horror. Ha venido a pasar estos días por aquí una amiga vasca que ha salido varias veces en los medios últimamente por el tema de los niños robados a sus padres cuando nacieron. Una hermana de ella nació perfectamente, y, a las pocas horas, le dijeron a los padres que la niña había fallecido. Se celebró el entierro pero nunca llegaron a ver el cuerpo. La madre siempre sospechó algo raro, y, cuando comenzaron a surgir los escándalos, le dijo a sus otros hijos que investigaran porque ella pensaba que le habían quitado a esa niña. Consiguieron permiso para abrir la tumba y en el pequeño féretro blanco no había nada. Están investigando, pero es muy difícil lograr algo, me cuenta.

 

Buenas son tortas. Una chica le dice a otra en la terraza de un bar: ‘Juan no puede venir, así que estará José Antonio’, y añade: ‘a falta de pan….’. (Ambas se ríen con malicia)

 

Al día. Veo en carteles anunciadores que pronto actuarán por estas tierras Raphael y Hombres G. Qué modernidad, señor.

 

En marcha. Cada mañana me levanto temprano y me voy a andar. Lo noto mucho; he bajado peso y me encuentro muy ágil. Ya llevo dos días.

 

Adiós. Ha fallecido el doctor Casimiro Bonmatí, un humanista, viejo amigo, excelente persona. Recuerdo muy bien a varios de sus hijos, de los que fui profesor, hace ya montones de años. Lo he sentido mucho.

 

 

 

 

 

 

Publicado: 24/04/2012

Señoras y señores:

 

Les escribo por si tengo suerte y leen ustedes esto. Se trata de ver si ustedes se encuentran reflejados en alguno de los apartados que abajo relaciono, para que se preguntan si serán de estas personas que nos complican la vida a los demás, cuando ya la tenemos nosotros bastante complicada. Repasen, por favor, la lista, y, si están, a ver si se salen de ella y nos dejan vivir tranquilos a los que no nos sentimos de estos grupos.

 

LOS PUESTOS EN CUMPLIR. Me refiero a todos aquellos que están por ahí, en responsabilidades intermedias, y quieren quedar lo mejor posible con los de nivel superior, bien por agradecimiento ante el don conseguido, bien, sencillamente, por hacerles la pelota. No se pueden ustedes imaginar la lata que dan apartándole la hierba que ustedes consideran mala de los pies de los jefazos, cuando, además, resulta que a ellos, a los que realmente están arriba, les importa un pimiento esa hierba, e incluso les gusta que exista por aquello de que tiene que haber de todo. Es más, les diré que, cuando los ven así tan entregados a la causa, se ríen de ustedes como locos, a veces en compañía de los propios de la hierba, a los que en el fondo aprecian por su coherencia, y se quedan tan tranquilos.

 

LOS ENVIDIOSOS. De verdad les digo que ustedes son los más molestos para los seres humanos en general, porque, además de estar haciendo siempre que pueden la puñeta a los que envidian, es que no hay manera de convencerles de que materialmente nunca hay razones para desear el bien ajeno, que cada uno lleva lo suyo encima, y que, a veces, aunque ustedes no lo sepan, están envidiando a alguien que acaba de pasar la peor época de su vida, como uno que yo conozco. Lo que sucede es que los envidiados en general no quieren ir por la vida contando sus penas y prefieren aparecer con buen rollito, que es lo que a ustedes les jode tanto. Ahora, que lo que se dice molestarnos a los demás, si que nos molestan ustedes un rato largo.

 

LOS INTRANSIGENTES. Me refiero aquí a todos esos que se pasan la vida diciendo que este un rojo o que aquel es un facha, sencillamente porque se trata de alguien que piensa de un modo diferente a ellos. Además de los de la política, entran en este apartado, que tan a menudo te fastidia el día, los intransigentes en religión, en lo de fumar o no fumar, en lo de vestir de un modo u otro, y hasta en lo de con quien te tratas y con quien no te tratas, como si el hecho de estar cerca de un ateo pudiera quitarte a ti medio kilo de fe al día. En este apartado están, por ejemplo, los antiabortistas, que, en cuanto alguien sale a favor de que la mujer decida su maternidad, se te tiran al gaznate y muerden a fondo.

 

Son ustedes más, pero estos tres apartados me parecen significativos. ¿Quieren hacer el puñetero favor de dejarnos tranquilos a los que no somos como ustedes?

Muchas gracias.

 

 

 

 

 

 

Publicado: 9/04/2012

No somos culpables. Le pregunto a un conocido: ‘¿Qué tal la Semana Santa?’, y esta es su respuesta: ‘Pues no sé qué decirte. Por un lado, bien, normal, pero, por el otro, es que no te dejan respirar con tanta mala noticia, cada día, en los medios de comunicación: que si esto está hecho un asco, que si España se va a hacer puñetas. Joder, que así no hay quien viva’. ‘Los medios solo recogen lo que dicen y hacen los políticos’, le digo yo.

 

Poco conformes. Hay que ver cómo han corrido los del PP de aquí para tratar de justificar los presupuestos del PP de allá. Ahora que, por lo que yo he oído, solo han convencido a los que ya lo estaban, y no a todos, fíjate tú, que algunos de sus votantes habituales murcianos decían unas cosas que no voy a repetir aquí por no escarnecer.

 

Suerte. ‘Lo bueno que tiene que esto de la miseria de los presupuestos llegue a Murcia en estos días es que la gente está ahora enjugascada con la Semana Santa, El Bando, El Entierro, los tambores, etc., y el personal se entera menos’, me dice uno de esos votantes.

 

Un gran día. El martes fue un día de esos que se te hacen inolvidables, de los que luego recuerdas en la vejez sentado junto al fuego: el Mar Menor, un barco, unos pocos buenos amigos, algo que beber, algo bueno que comer, una conversación fluida, culta cuando debe, superficial y de carcajada cuando necesario, rodeados de la belleza de ese paisaje impagable que cambia de color y de textura según gira el viento y pasa de Mistral a Lebeche. Ya les digo, inolvidable.

 

Cambios. Javier Bardem es el malo de la nueva película de James Bond y, para hacer este papel, se ha puesto una peluca rubia. ‘Es que yo soy tan buena persona que, para hacer de malo, me tengo que ver distinto en el espejo y por eso me cambio el pelo. Ya lo hice con la melenita en ‘No es país para viejos’, ha declarado.

 

Libro guapo. Me han regalado un libro de arte que está hecho con un concepto muy interesante. Se trata de analizar qué se estaba haciendo en cada lugar del mundo en un momento determinado. Por ejemplo: en el 450 AC, ¿qué arte se hacía en Grecia, en China, en España, en Egipto, etc.? Es curioso que, mientras en unos lugares se roza el primitivismo más absoluto, en otros se había alcanzado un tremendo nivel de perfección en la representación artística. Lo bueno es que el libro tiene miles de reproducciones muy bien comentadas. No tengo aquí la referencia editorial. Otro día se la doy por si a alguien le interesa.

 

Consultas. El problema de los libros de consulta es qué hacer con ellos ahora que todo está en Internet. Yo tengo cientos y hace años que apenas los toco porque, si tengo una duda, la resuelvo en la red. Bien es verdad que hay que tener cuidado con las informaciones que esta te da, porque a veces no son correctas o están manipuladas, pero, claro, es tan cómodo teclear algo y tener cientos de miles de respuestas a tu disposición. Lo único que sigo utilizando a diario es el diccionario, mi María Moliner de mi alma.

 

No se escucha uno. Una chica, que está en una tienda de ropa, habla por el móvil. De pronto dice, ‘espera un momento’ y se va hacia la puerta materialmente gritando: ‘Es que no te oigo un pijo, tía, con el jaleo de la tienda’.

 

Extraña situación. Veo en una calle lateral de Murcia, cerca de una iglesia, la siguiente escena: Un chico joven vestido de nazareno tiene las faldas absolutamente levantadas sobre el pecho. Por debajo se le ven las piernas y las medias con las ligas. Enfrente de él, una chica le está llenando de caramelos y regalos unas bolsas que lleva debajo de las faldas. La verdad es que era una escena inocente, pero llamativa.

 

El sino. Un hombre a otro en un bar: ‘’A los murcianos siempre nos toca bailar con la más fea’.


 

 

 

 

 

 

Publicado: 9/04/2012

 Estimado Gobierno:

 

Le escribo para felicitarlo en su ciendíasaniversario, deseándole que lo pase muy bien en compañía de sus seres queridos, y lo hago así, en grupo, porque, aunque hasta ahora parece que solo fuese responsable la vicepresidenta y los tres ministros esos que salen siempre a decir que han tenido que tomar esta medida, o aquella, porque es absolutamente necesario, y porque estamos a punto de caramelo para irnos a hacer puñetas como país, yo creo que es el conjunto del Gobierno el que gobierna, y hay que felicitarlo así en masa, y no solo a los que tienen que comerse el marrón de presentarse ante la prensa.

 

En cuanto a su actuación en estos cien días, hombre, no creo yo que sea cosa de deshojar docenas de rosas para echarles pétalos cuando vayan al Congreso, aunque estemos en Semana Santa, porque ha habido tela que cortar y podríamos dedicar este espacio a sacarles bien las vergüenzas, pero, yo, al estar de su parte de ustedes, quiero más bien aplaudirlos y no voy a hacer lo de los andaluces, que por esta o aquella razón sin importancia, como lo de la subida de impuestos o la reforma laboral, a cuatrocientos mil de ellos no les ha salido de los mismísimos votarles para las autonómicas, y me han dejado a mi Arenas de mi alma como el que se tragó el cazo y se le atragantó el rabo. Jesús, María y José, qué canallada.

 

Ya sé, ya sé que les han montado a ustedes una huelga general los muy desagradecidos de los sindicalistas, pero no se preocupen, que tampoco fue para tanto. Hombre, hay que reconocer que las manifestaciones impresionaban un poco, porque, lo que se dice gente, había cantidad, pero, vamos, a trabajar fueron muchos, sobre todo debido al acojone que tiene el personal que todavía está empleado ante la posibilidad de que lo despidan si enseña la patita por la ventana. Yo no sé por qué el perder derechos laborales fastidia tanto en España, oiga. Mire usted EEUU, que llegas a tu trabajo, te llaman, te dicen que te vayas, te dan una cajita de cartón para que metas la foto de tu mujer y tu hijo y dos o tres cachivaches más, y, hala, a mear a la calle. Pues, como debe ser, tío.

 

Y luego está lo de la amnistía fiscal, una medida que tiene todo mi aplauso. Bien es verdad que el cabreo de los pardillos que han pagado sus impuestos como manda la ley debe ser morrocotudo, porque además ese diez por ciento que les piden no cubre siquiera el impuesto básico que pagan todos los paganos, que suele llegar al cuarenta. Hay otro problema que veo en esto y es el de las inspecciones de Hacienda pidiendo a la gente que pague lo que no ha pagado y encima sancionando por no haberlo hecho en su momento. ¿Con qué autoridad le van a decir a uno que no ha cumplido la ley, si sus primos se escapan con esta cosita llamada amnistía que ustedes se han inventado?

 

Pero, en fin, yo, como les decía, que absolutamente de su parte. Que muy bien. Que: ele ahí mis nenes, y mis nenas, que nos van a salvar, ele.

 

 

 

 

 

 

Publicado: 9/04/2012

 Multitudinaria. La huelga se notaba poco en las calles y plazas de Murcia a lo largo del día, pero la manifestación fue tremenda. Yo creo que es en la que más gente he visto de todas las que se han hecho por aquí.

 

Imaginación. Se vieron algunas pancartas simpáticas: ‘Somos demasiado jóvenes; no podemos esperar’. ‘Se mean encima de nosotros y dicen que está lloviendo’.

 

Inyección de adrenalina. Unos amigos se salen un momento de la manifestación para saludarnos y uno de ellos dice: ‘A mí es que estas cosas me ponen, es que me dan la vida. Estás ahí en tu casa hecho un asco, rumiando la asquerosa situación económica, pensando en tu gente parada y sin perspectivas de trabajo, pero, te vienes aquí, ves a tanto personal igual que tú, gritas un par de veces, y te vuelves a casa como nuevo’.

 

Nuevo rector. Ya hay rector electo en la UPCT, el catedrático José Antonio Franco. Lo he conocido como vicerrector y es un hombre inteligente y capacitado. Esa universidad es una realidad muy hermosa, un asunto vital para Cartagena y para esta Región, con un gran trabajo ya hecho por Félix Faura, en estos últimos años, que hay que continuar con el mismo rigor. Suerte, rector. 

 

Zarzuelero. Un hombre entra en un pequeño bar y casi canta: ‘¡Echa vino, tabernero!’.

 

¿Alienígena? Veo en una acera a una mujer que, en principio, pienso que va disfrazada. Lleva toda la cabeza llena de paquetitos de papel de plata y pinzas recogiéndole el pelo. También lleva una especie de bata de plástico transparente. Luego me doy cuenta de que es una clienta de la peluquería que hay al lado de mi estudio que se ha salido a la calle a fumarse un cigarrillo.

 

Sí que habrá que hacer algo. Un hombre mayor habla por el móvil en la calle: ‘Si quieres alquilarla, en la habitación de dentro habrá que hacer algo porque la bajante pierde y huele a mierda’.

 

Venganza. (Contado por un lector) Son las cuatro de la mañana. Una joven pareja duerme en su cama. Un ruido lo despierta a él. Es un golpeteo rítmico sobre la pared acompañado de algunos gemidos de placer. Él conoce al matrimonio que vive en el apartamento de al lado y los escucha hacer el amor con tranquilidad, en principio. Pero aquello continúa durante casi una hora que pasa desesperado por no poder dormir, y, cuando acaban,  está totalmente indignado. Los vecinos se duermen, pero él no puede porque se ha desvelado. Los oye roncar, se levanta, se pone una bata sobre el pijama, baja al portal y llama repetidamente al timbre de sus vecinos. ‘¿Quién es?’, escucha, pero no responde y vuelve a su casa corriendo. En la cama, oye a los vecinos hablar del hijo de mala madre que los ha despertado, mientras sonríe satisfecho con su venganza. 

 

Planes. Ya tengo la Semana Santa bastante planificada. El miércoles, como es tradición, iré a Hellín a tocar el tambor (lo hago fatal). El jueves vienen unos amigos de fuera y habrá que cumplir como anfitriones: llevarlos a ver alguna procesión, a comer bien, a pasar un día en Cartagena (teatro Romano, paseo marítimo por el puerto, edificios modernistas). Y luego, quizás algún día a la playa, a descansar de tanta fiesta.

 

Lista. Me entero por la prensa de que Ana Obregón ha escrito un libro en el que hace la relación de los hombres que se ha tirado a lo largo de su vida.

 

Endulzando la espera. Un chico, de unos quince años, a otro similar, sentados en un banco de una plaza: ´¿Compro unas chuches mientras las esperamos?’ 

 

 

 

 

 

 

Publicado: 9/04/2012

Lo dice todo el mundo. En reportajes de televisión y en los periódicos se habla de la estructura familiar española como una especie de árnica que está sirviendo para paliar los efectos más duros de la crisis. Como dato de base, este: trescientas mil familias sin ingresos por trabajo activo de ninguno de sus miembros están viviendo de la pensión de algún abuelo o abuela. Hijos e hijas, con o sin sus parejas, con o sin sus hijos, vuelven a casa de sus ancianos padres para tener un techo bajo el cobijarse y una pensión de la que poder vivir, agotado ya en ellos cualquier recurso económico.

 

Otro dato. Algunos de estos nuevos pobres, cuando eran clase media hace tres o cuatro años, tenían al abuelo o a la abuela en una residencia que se pagaban ellos con su pensión. Actualmente, cada día más hijos sacan a sus padres de esos lugares y se los llevan a sus  casas para poder vivir todos del retiro del progenitor. Algunas asociaciones del gremio de cuidadores de ancianos ya han declarado que se están perdiendo puestos de trabajo ante esta oleada de abuelos que vuelven a vivir con sus hijos.

 

Sé de algunos de estos casos y es cierto que los tiempos han traído lo que parecen nuevos sistemas de convivencia, pero que, a los que somos mayores, todo esto nos suena a otras épocas, como cuando éramos niños y la familia también era el sostén central de todo el entramado de pobreza que generó la posguerra civil española. Como ahora está ocurriendo, era raro que una familia la compusiera solo un matrimonio y sus hijos. Un mismo hogar era compartido por todas las posibilidades de conjuntos familiares, de varias generaciones o de una solo; es decir: abuelos, padres e hijos, o dos hermanos con sus familias, o un matrimonio con una hermana soltera, o una tía abuela viuda, o dos cuñadas, etc.

 

En los casos actuales que conozco comienzan a darse situaciones muy parecidas a aquellas, incluso oigo frases  que no había escuchado desde entonces. Las abuelas que ahora mantienen la casa con su pensión han de hacer muchas cuentas a la hora de comprar la comida, los productos de limpieza que necesita esta familia ampliada, y otros gastos generales. Así que, -esta es una de las situaciones en las que se producen esas viejas frases – cuando llegan los recibos de la luz, la anciana le dirá a su hijo: ‘mira qué barbaridad; claro, como te quedas leyendo hasta tan tarde se gasta mucha luz’. O con el del agua y el exceso de duchas, ‘ es que tu mujer se queda dormida debajo del chorro, que para lavarse no hace falta tanto gasto de agua’. Y, como es natural, surgen las desavenencias, los problemas de una convivencia diaria que ya no puede ser nunca como era, por más que, al principio, todos manifiesten su alegría por poder ayudarse, por volver a estar juntos.

 

Y todo esto con la suerte de haber nacido en España, que mantiene tan vivas las relaciones familiares. En muchos países europeos, y en EEUU, estas situaciones serían muy extrañas. Lo normal por ahí es que a los hijos se les eduque para que se vayan de casa lo antes posible y los regresos con el fracaso bajo el brazo no se comprenden, ni siquiera se aceptan. Al igual que los hijos, una vez independizados, llaman a sus padres o van a verlos alguna vez al año, si van,  los padres se hacen sus propias vidas lejos de ellos y no quieren cambiarlas por nada, y menos empobrecerse y llenarse de obligaciones, a la vejez, como está sucediendo aquí.

 

Si todo falla, a los españoles siempre nos quedará nuestra familia.

 

 

 

 

 

 

Publicado: 26/03/2012

Homenaje. En el museo Gaya de Murcia se celebró un homenaje al poeta José María Álvarez, y, durante todo el día, gentes del mundo de la cultura, de la política y de la vida pública leímos ininterrumpidamente alguno de sus libros. Sin lugar a dudas, Álvarez es nuestro escritor más internacional y yo he tenido la suerte de conocer su obra desde que comenzaba a crearla, allá por los años sesenta. De madrugada, en su casa, nos leía a los amigos los últimos poemas que había escrito mientras nos tomábamos alguna que otra copa. Buenos tiempos aquellos, de juventud y algo de magnífica locura.

 

Toda la vida. Un hombre habla por el móvil con voz indignada: ‘Tú no le digas nada. Yo hablaré con ella esta tarde. Esa se va a acordar toda la vida del examen de matemáticas que suspendió porque no le salió de ahí ponerse a estudiar cuando se lo dijo su padre’.

 

No me convence. Tres amigos charlamos tranquilamente tomando una cerveza. Uno de ellos, inteligente y preparado, trata de convencerme de las bondades de la reforma laboral, y yo, hecho un venado, no consigo verlas. Lo único que sí admito es que, con lo que había, no ha funcionado nada y se ha creado un montón de paro; pero no estoy seguro de que esta ley pueda ser la solución, ni nada que se le parezca.

 

Las figuras al natural. Fui a ver una exposición muy curiosa e interesante en el Casino de Murcia. Se trata de una colección de fotografías realizadas con las imágenes que procesionan en la Semana Santa de Cieza trasladadas a rincones y lugares del paisaje natural, y colocándolas en ese ambiente, fuera de sus tronos, tratando de darles un escenario real. Hay algunas verdaderamente espectaculares: una crucifixión frente al ‘skyline’ de Cieza al atardecer; una coronación de espinas con las sombras de las figuras sobre la fachada de un palacete, etc. Merece la pena visitarla.

 

Interrupción. Voy a comprar el pan a la panadería. Entro. La dependienta está besándose con su novio con el mostrador por en medio. Al oírme, lo dejan, pero poco a poco, vamos sin aceleración, ni corte alguno por la interrupción. ‘Por mi, seguid, que no tengo prisa’, les digo. Ellos sonríen y me dan mi barra.

 

En el restaurante ‘La pequeña’, tomo pisto y le digo a Miguel, el dueño, que el frito está sencillamente sensacional, perfecto de cocción y de textura. ‘Cuando viene Arturo Pérez Reverte, siempre lo toma, y si le pregunto qué quiere de segundo, responde invariablemente: ‘más pisto’, me dice.

 

Drástica. Una mujer de unos cuarenta años, tocándose el pelo, a otra, en la calle: ‘Me lo corté porque él me lo dijo, y ahora dice que no le gusta’. ‘Pues que se vaya a tomar por c…’, exclama la otra. 

 

El guardia. Me encuentro con Joaquín Bascuñana, el delegado del Gobierno, por la calle y nos paramos a charlar un rato. Nos enrollamos, la cosa se prolonga y estoy viendo a unos metros de nosotros al guardia de seguridad que lo escolta aguantando nuestra conversación estoicamente. Ya sé que es su trabajo, pero, como son las nueve de la noche y pienso que el agente debe estar cansado, corto la plática con un: ‘ a ver si me llamas y nos tomamos un café’ y dejo que se vaya el delegado con su vigilante tras él, a pocos pasos. 

 

Son suficientes. Un chico joven habla por el móvil: ‘ni se te ocurra decirle nada a él; bastantes cuernos lleva ya’.

 

Parece imposible. No me puedo creer que el domingo que viene sea ya Semana Santa. Cada vez se me pasa más rápido el tiempo. Debe ser por la edad.

 

 

 

 

 

 

Publicado: 26/03/2012

Camarero, por favor, un té para mí y un belmonte para la señora.

 

Mari Puri, qué te he dicho que pidas un cortado y después le decimos que le eche unas gotas de coñá. Por Dios, cualquiera que te oiga. Pero, ay, es que me sienta tan bien.

 

No te preocupes, no veo a nadie conocido en la terraza. Oye, mechas guapas que te has hecho. Me encantan, tú.

 

A cinco euros la mecha me ha costado, tía. Cómo se está poniendo la peluquería. Como va menos gente, pues, a las que vamos, bien que nos pasan por la piedra.

 

Oye, ¿tú sabes algo de no sé qué de una huelga general que va a haber?

 

Yo, no. Pepe no me ha dicho nada. Pero ¿qué pijo de huelga que van a hacer como están las cosas? Si los pocos que tienen trabajo se paran, ¿qué va a ser de este país?

 

Hija, a ver si pierdes lo del ‘pijo’ que ya no se lleva. Bueno, pues dicen que no les gusta la reforma laboral que ha hecho Mariano, los muy hijos de mala madre de los sindicalistas, que ya lo dijo Cospedal, están cabreados porque se les acaba el chollo.

 

¿Qué chollo se les acaba?

 

No sé, uno que tendrán. Porque, si lo dice Dolores, es que es verdad.

 

Oye, ¿y qué le ha pasado a esa con el marido?

 

Pues nada, que él ha tenido que dejar un consejo de administración que había conseguido y que le pagaban un montón de miles de euros porque a Mariano no le gustaba que metiera la cuchara en una sopa con dinero público.

 

Hija, te explicas rarísimo. Pobre Mariano. Cuánto sufrir por los españoles. ¿Tú sabes lo que le estará costando joder a tanta gente con lo de los recortes?

 

El otro día lo vi en la tele y está todavía más feo.

 

Lo que yo te digo, eso es de sufrir. Y la Merkel apretándole las clavijas todo el santo día. Qué mujer tan desagradable. Menos mal que es horrorosa. Que se joda.

 

Y lo del juicio de Matas, tía, que es un disgusto, que eran tan amigos. Menos mal que los socialistas tienen lo de los ERES y lo del tío ese de la cocaína y el chofer, que, al pasar a la vez, pues una cosa se va con la otra.

 

Es que no solo era la cocaína, hija mía, es que también se gastaban el dinero del contribuyente en putas. Lo socialistas es que son drogotas y puteros, tía.

 

Menos mal que nosotros tenemos principios. A nadie de nuestro partido conozco yo que le guste el puterío. Y, la coca, no saben ni lo que es.

 

Bueno…., lo de Juan con aquella sudamericana…. 

 

Calla, hija, por Dios. No me lo recuerdes. 

 

Que se encoñó, el tío.

 

¡Que te he dicho que te calles! Camarero, la cuenta.

 

 

 

 

 

 

 

Publicado: 26/03/2012

Secretaria de Estado comisionada para la reconstrucción de Lorca

 

Estimada señora,

 

Había pensado escribirle a usted para felicitarla, pero ahora no sé qué hacer. Es cierto que el hecho de que la nombren con la categoría de Secretaria de Estado para trabajar en lo de Lorca merece que le dé la más encendida enhorabuena, porque, por aclararnos, usted va a ser la primera persona de ese nivel de mando político que va a vivir en la Región de Murcia, pero, la verdad, tampoco tengo claro que este nombramiento sea como para que se ponga a dar saltos de alegría. Una cosa es que a usted le hubieran dado un amplio despacho en el ministerio, con ujieres por doquier, con funcionarios a montón y con infraestructuras técnicas del último modelo; acceso directo al jefe, que estaría en el despacho de al lado, encuentros semanales con sus iguales para preparar las reuniones del Consejo de Ministros de los viernes; en fin, una Secretaría de Estado como Dios manda, y otra muy distinta que la manden aquí, sin un ujier siquiera, y ya veremos con qué funcionarios y con qué servicios a su disposición para poder ejercer la labor que la han encomendado.

 

En cualquier caso, me alegro mucho de que el Gobierno se haya dado cuenta de que lo de Lorca no va como debiera, y que haya puesto al frente a una persona como usted, que me suena más bien tirando a curranta que a sacabarrigas. Y es que ya sabe  cuál es el problema fundamental de estos honores que habrá observado en multitud de ocasiones: aquí hay gente que la nombran algo, pongamos como ejemplo, director general, y, mientras que lo digiere, se lo cuenta a todos sus amigos de la infancia, lo celebra con su familia – sobre todo con su suegro que siempre pensó que no iba a llegar a nada en la vida -, etc. etc., es que tarda un montón de tiempo en romper a trabajar. Y ya es el colmo cuando el nombramiento trae consigo la adecuación de un local para que se aposente el nuevo cargo. Eso puede meterse en un año antes de que el interfecto mire un papel y tire con él en la mano caminito de la resolución de un problema.

 

Ya sé que usted es una mujer resolutiva, con carácter y con la cabeza estructurada en ordenadas partes, como suele suceder a todos aquellos que preparan una oposición de inspector de Hacienda, o similar, pero me preocupa su posición personal dentro del contexto regional, porque, hasta ahora, con lo de Lorca, hemos visto cantidad de fotos de todos los políticos posibles, - coño, que hasta arzobispos y cardenales hemos tenido – pero lo que se dice que funcione la cosa de la reconstrucción, de los pagos de ayudas, y, sobre todo, de ver desarrollar un plan dinamizador de la economía de Lorca tras el terremoto, de eso más bien hemos visto poco.

 

Le deseo lo mejor en el desarrollo de su labor, sobre todo, que no tenga que pegar cuatro gritos un día recordándole a alguno, o a alguna, que usted es la que manda en esto de reconstruir Lorca, y también la responsable de cómo se haga. Que no se le olvide.

Un afectuoso saludo,

 

 

 

 

 

 

Publicado: 26/03/2012

 Centro vivo. El pasado fin de semana estuve en Sevilla haciendo un mandado. Está preciosa la ciudad, con el centro antiguo lleno de gente, vecinos o turistas, que pasean por las calles, se toman aperitivos en las terrazas y van de un lado para otro. Se ve un centro urbano vivo, en el que encuentras perfectamente ubicadas unas junto a otras, tiendas modernas con las más clásicas o antiguas. Hay un ‘Zara’, y, diez metros más allá, una vieja tienda de alpargatas o zapatos baratos. Y hay gente para todas, porque las calles se han conservado vivas.

 

Un ejemplo de la diferencia. En Sevilla, el tranvía llega cada pocos minutos a la puerta de la Catedral trayendo gente de los barrios hasta el centro para hacer sus compras. Sin embargo, en Murcia ciudad, el tranvía parece estar más bien para sacar gente del centro y llevarla a los macro - espacios comerciales de fuera de la ciudad. Yo no sé si esa será una de las razones por la que cada día cierran más establecimientos en las calles que eran más tradicionalmente comerciales en nuestra capital.

 

Ruptura apocalíptica. (Este apunte me lo envía un lector. Gracias, y animo a todos a que hagan lo mismo) En una plaza de Murcia hay dos chicas hablando del propósito de una de ellas de romper con su novio, y de cómo hacerlo: ‘Tía, cuando me pongo apocalíptica, es que pierdo los papeles, así que se lo voy a decir con un mensaje, que, como se lo diga cara a cara, la vamos a tener muy gorda’, dice una.

‘Acha, sí, que es siempre mucho mejor por mensaje’, le asegura la otra con un toque de experiencia en la voz.

 

Sitio guapo. He sentido mucho no poder asistir a la inauguración del auditorio El Batel de Cartagena, que me habían invitado, pero estoy malucho. Me hacía ilusión ir porque todavía no lo he visto y muchos comentan que, arquitectónicamente, es estupendo. Dicen que a la Reina le gustó mucho.

 

Danza a diario. Doña Sofía tuvo ballet dos días seguidos: el miércoles en Madrid en un homenaje a Alicia Alonso con actuación de el ballet Nacional de Cuba, y el jueves en Cartagena con José Carlos Martínez y la Compañía Nacional de Danza. Otras veces le tocan otros temas menos atractivos, o muy desagradables. Ser Reina es lo que tiene.

 

Sin cortes. En la sala de espera del médico, en un centro de Salud, una señora mayor habla a los otros pacientes de su operación de rodilla: ‘Me pusieron la prótesis hace dieciséis años, al año justo de morirse mi marido, y aquí la llevo, como nueva. Miren qué cicatriz’, y se sube la falda, no sin cierta coquetería, hasta casi medio muslo, a pesar de tener por lo menos ochenta años.

 

Ignorante. Me entero por la prensa que Iniesta, el jugador del Barcelona, se casa en julio. ¿Seré estúpido que yo, al verlo siempre en la tele con su mujer y una cría que tienen, pensaba que ya estaba casado? Con ese aspecto de no haber roto nunca un plato, no me lo suponía yo amancebado, pero es que aquí, ya se amanceba hasta el gato.

 

Tranquilizador. Un amigo me dice algo que me reconforta completamente: ‘mira, por muy mal que se pongan las cosas de la economía, por mucho que nos suban los impuestos y nos bajen los sueldos o las pensiones, es muy difícil que a ti o a mí nos falte para un bocadillo de pan y sobrasada que es lo que comíamos cuando comenzábamos nuestra andadura. Así que tú tranquilo, porque nunca estaremos tan mal como entonces’.

 

Que no venga. Una niña a su madre por la calle. ‘La profesora ha cambiado el examen al martes, porque no sabe si podrá venir el lunes. Es que está con la gripe’. Pues si tiene la gripe más vale que se quede en su casa y no os la pegue a todas vosotras’, responde la madre.

 

Noticia estupenda. La deliciosa pareja formada por K. y F. espera un niño. ¡Bieeeeeen!

 

 

 

 

 

Publicado: 15/03/2012

Ministro de Justicia

 

 Sr. Ministro, que lo es,

 

Le escribo a usted por lo del aborto, por eso que dijo de que la estructura actual casi fuerza a la mujer a abortar. La verdad es que sus palabras han conseguido sorprender a todo el arco ideológico, que se dice: a los más conservadores porque siempre lo han considerado a usted progre de más, y a los progresistas porque no podían imaginar que pensara así después de tocarle las narices a la derechona en tantas ocasiones. Pero, en fin, así es la vida: uno nunca conoce del todo a nadie hasta que lo hacen ministro y saca lo que lleva dentro, ahora que puede.

 

Tras mucho pensar en esta carta, he decidido contarle a usted dos sucedidos sobre el aborto que, de alguna manera, me han tocado cerca. Siempre he pensado que este delicado tema le compete solo a la mujer y que es ella la que ha de tomar la decisión que considere necesaria para su vida, por más que a muchos nos duela, y que el sistema ha de proporcionarle los medios para que esa decisión, sea abortar o tener a su hijo, se lleve a cabo con las máximas garantías. Quizás estos casos que le voy a contar puedan ilustrar lo que quiero decir.

 

A mediados de los setenta, fui a comprar carne a mi carnicería habitual regentada por un matrimonio joven que tenía tres hijos pequeños, nacidos con diferencias de un año. La mujer no estaba en el mostrador, y pregunté por ella a su marido. ‘¿Es que no te has enterado? Está en el hospital. A punto de morirse ha estado. Es que se metió el perejil’, me respondió el marido casi a punto de llorar. Alguien me explicó después lo que había sucedido, que era una forma muy habitual de abortar en las clases bajas de la sociedad por aquellos años. La mujer, cuando se daba cuenta del embarazo, se metía en la vagina un ramo de perejil y lo dejaba allí unos días, resultando que, bien por la infección que se le creaba, o por que el perejil fuese realmente un abortivo, perdía el feto, si no se moría ella por una septicemia o desangrada, que era también bastante corriente.

 

El segundo caso es este: A principios de los ochenta, una señora, arreglando un cajón de la habitación de su hija, que ya no vivía en casa, encontró una factura de una clínica de Londres por la ejecución de un aborto, fechada cinco años atrás, cuando la chica tenía dieciocho años. Yo hablé con la joven porque era una persona de mi entorno y me explicó lo sucedido: ‘Me quedé embarazada, estaba haciendo COU y él era un compañero de 3º de BUP con el que tuve un rollito. Para poder irme a Londres, pedí prestado a las amigas el dinero, y con algo que yo guardaba en una cartilla tuve suficiente. Un fin de semana, le dije a mi madre que me iba La Manga a estudiar un examen en casa de una compañera. Viajé sola, tomé el avión en Alicante y llegué a Londres, me hicieron el aborto el sábado (en la clínica coincidimos varias españolas) y el domingo me volví. Fue horrible pasar aquello allí sin nadie a mi lado. Tenía muchísimo miedo y creía que me iba a morir, pero a ver qué hacía. Conseguí que solo unas amigas se enteraran’.

 

Pues que eso, que ahí tiene usted estos casos, absolutamente reales y corrientes en otros tiempos, para su consideración personal y la de algunos otros.

 

Un saludo

 

 

 

 

 

 

Publicado: 15/03/2012

Señores que deben y no pagan:

 

Les escribo porque el otro día hablé con un pequeño empresario al que ustedes le deben treinta mil euros desde hace más dos años. Su situación económica es bastante grave y considera muy probable que se vea obligado a cerrar el pequeño negocio que ha levantado con gran esfuerzo y declararse en la más oscura de las ruinas. Como su estado de cosas es parecido o igual al de tantos otros, creo que merece la pena que yo me dirija a ustedes y les cuente la película de sus tribulaciones, por más que, probablemente, se la sepan de memoria y encima les importe un pijo.

 

Verán, este hombre pudo optar a hacer un trabajo que ustedes convocaban y le fue adjudicado. Contrató a tres personas especialistas en la cosa y, junto con el jefe, que no es más que otro trabajador, lo llevaron a cabo en cuatro meses. Para financiar el pago a los contratados, sus cuotas a la Seguridad Social, los materiales necesarios para llevar a cabo el encargo, etc. se sirvió de una póliza de crédito que consiguió en un banco. Las cuentas estaban hechas, y, aunque la ganancia no era muy importante, merecía la pena llevar a cabo el encargo porque la actividad había bajado mucho y no se podía despreciar nada. Acabado el trabajo, se presentó la factura y en el trimestre correspondiente se pagó el IVA.

 

Todo ese desembolso económico fue realizado con el dinero de la póliza y han pasado dos años en los que el empresario ha seguido abonando los intereses correspondientes al banco, sin que ustedes le paguen la factura. Cada mes, le ha costado una buena cantidad de euros, así que, después de efectuar todos los pagos arriba relacionados, ya hace tiempo que las posibles ganancias se han diluido, y, cuando ustedes le abonen, no solo no habrá ganado nada, sino que habrá perdido bastante dinero en este trabajo. Como, si una Administración no paga en los plazos marcados por la ley, está obligada a ingresar los intereses de demora, él confiaba en casi quedarse a la par, o perder poco, cuando se acabe esta desgraciada historia.

 

Pero ahora se han inventado ustedes lo de la quita para el que quiera cobrar, es decir: piden un descuento por ‘pronto pago’, lo cual es casi un escarnio cuando deben lo que deben desde hace años. Abusando de la situación de necesidad en la que tanta gente se halla, les piden que bajen los totales de sus facturas si quieren pillar pronto algo de sus deudas, y se quedan tan panchos. Los constructores de esta Región han dicho que no aceptan y que van a ir a los tribunales para obligarles a que acaten la ley y paguen lo que deben pagar, que para eso lo encargaron en su momento, y yo lo entiendo perfectamente. Pero estos pequeños empresarios, como al que yo me refiero aquí, están tan con el agua al cuello que parece que van a rendirse y a aceptar lo que ustedes proponen por más que sea solo una simple cuerda de ahorcado con la que van a perder hasta la camisa.

 

Ya sé, ya sé lo de la crisis y todo eso, pero ¿no les da un poco de vergüenza lo que están haciendo?

 

Un saludo,

 

 

 

 

 

 

Publicado: 15/03/2012

Teatro. Estuve en la reapertura del Teatro Romea. Ha quedado precioso y algunos nos relamíamos de gusto pensando en que, por fin, ya podemos volver a ver obras de teatro, espectáculos, óperas, en ese ambiente genial. Es que es un sitio guapo, guapo, guapo.

 

Lo duro está en la calle. Veo al vicepresidente Juan Bernal. ‘¿Qué tal? ¿Cómo le va en lo suyo?’, le pregunto. ‘Todo está muy complicado, muy difícil’, me responde. ‘Pues, si viera cómo está la mayoría de la gente de mi barrio, sabría lo que es realmente complicado. Sencillamente, tratan de sobrevivir’, le digo. (No es verdad que le hable de usted porque fuimos compañeros como profesores de instituto hace un montón de años, pero es que aquí, lo del tuteo a un vicepresidente queda como poco respetuoso).

 

Vivas, las fuerzas. El alcalde de Murcia estaba con el obispo y el delegado del Gobierno, entre otros, en el palco presidencial del Romea. Las fuerzas vivas, que se llaman.

 

Momento espectacular. Comento con el director del teatro, Lorenzo Píriz Carbonell que me da rabia que, en Turandot, la ópera que van a poner muy pronto, ella no salga hasta el segundo acto. ‘Ahí está la gracia de la cosa’, me dice. ‘Todos hablan de ella pero nadie la ve hasta ese momento’, añade.

 

Palabra antigua. Un hombre, con mono de trabajo y el nombre de la empresa en el bolsillo de la camisa, a unos compañeros, mientras almuerzan: ‘Este mes he tenido cuatrocientos euros menos de jornal’. (Hacía años que no oía la palabra ‘jornal’)

 

Lo disfruta. Son las diez de la mañana. Veo a un antiguo alumno, de unos treinta y cinco años,  por la calle. Va con su carro de la compra. ‘He levantado a los críos, les he dado el desayuno y los he llevado al colegio. Ahora voy al mercado, pero ya tengo los espaguetis preparados para la comida. Es que mi mujer está trabajando y a mí me despidieron hace seis meses. Pero con esto me lo paso bien. La casa me gusta’. Me dice.

 

Brotes verdes. La única noticia positiva que he leído esta semana en los medios de comunicación es que las praderas de posidonia de nuestras costas han mejorado mucho en los últimos años. Algo es algo.

 

Adiós. Leo que van a subastar el local del Cine Central de Cartagena. Me da una pena tremenda que desaparezca. He ido allí mil veces, desde que era un crío. Incluso he visto películas desde la cabina de proyección, porque un familiar, el Sr. Miguel, trabajaba allí y alguna vez iba a llevarle la cena y me quedaba a ver la peli (cuando vi Cinema Paradiso pensé que aquel niño podría ser yo). Además, he vivido ocho años justo enfrente del cine. Toda una vida unida a ese lugar. Imagino que mucha gente de mi ciudad sentirá la mima rabia que este que lo es.

 

Sin compañeros. Dicen que lo peor del parado de larga duración es su soledad.

 

Diagnóstico claro. Una mujer a otra, en una farmacia: ‘me ha dicho la médico que los dolores son de la reuma ya por la edad’.

 

Cariño familiar. Una chica joven habla por el móvil en la puerta de una tienda. Con un claro tono de envidia, dice: ‘Si, hija, sí. Se casa mi hermana. ¡La muy puta!’

 

Ocupado. Un amigo, recién jubilado, me habla de su nueva vida: ‘No te creas, que todavía tengo mis obligaciones: todos los días compro el pan’. 

 

 

 

 

 

Publicado: 15/03/2012

Lluvia. Mientras esto escribo, llueve con intensidad. Es viernes por la mañana y oigo el agua caer sobre el suelo en el balcón de mi estudio produciéndome una sensación de alegría interior. ¿Cuánto tiempo hace que no llueve así en Murcia? Pienso en mis plantas, en el pequeño huerto, y sé que hoy, cuando llegue a casa, a mediodía, las veré con las hojas verdes y brillantes, llenas de fuerza, alegres, como yo, porque por fin ha llovido.

 

Mala elección. Una mujer anda muy deprisa por la calle con su paraguas y sus bolsas de la compra. Otra la saluda. ‘Muchacha, ¿dónde vas corriendo así?’ ‘Calla, hija. No me puedo parar que tengo la ropa tendida y se me va a mojar toda’, responde mientras sigue su camino a toda velocidad. ‘Es que ayer cambié las camas y tengo las sábanas tendidas’, dice, mientras se aleja. ‘Pues has elegido bien el día’, le grita al otra. 

 

De interés. Fui a ver la exposición de Chelete Moreneo en El Almudí. Es muy interesante. Un trabajo hecho concienzudamente en el que adivinas las horas y los días de la pintora entregados a conseguir plasmar unas ideas que digan algo a nivel humano, y que plásticamente sean bellas. Y las obras cumplen estos requisitos.

 

Que no. Rajoy no ha conseguido convencer a los mandatarios europeos de que, si sigue recortando a este ritmo, la recesión va a ser brutal en España. Les ha pedido más tiempo para conseguir bajar el déficit a los niveles que ellos piden, pero le han dicho que nones, nene. Sepamos quien manda aquí.

 

Repartidor culto. En la puerta de un pequeño bar, hay una carretilla hasta arriba de barriles (bueno, de contenedores de esos metálicos) de cerveza. El repartidor, un hombre de aspecto rudo y fuerte, habla con el camarero acerca de una película que ha visto y que le ha gustado mucho. Es ‘El acantilado rojo’, de John Woo. Intervengo en la conversación y resulta que al rudo repartidor le gusta el cine asiático, cita a Zhang Yimou y se ve claramente que es capaz de degustar el cine coreano, como yo mismo, que soy un cultureta de la peor especie.

 

Orden expresa. Un hombre en un bar: ‘Ponme otra caña, y, si te pido una más, no se te ocurra servírmela que esta es ya la cuarta’.

 

Lo conoce. Dos jóvenes hablan en una terraza. Uno dice: ‘yo tengo que cuidar mucho no cabrearme, porque, cuando me enfado, es que me pongo insoportable’. El otro le responde con cara de cachondeo: ‘Ya, ya. No me lo cuentes que te he visto así ya dos veces’.

 

Fumador hipnotizado. Un amigo se ha sometido a hipnosis para dejar de fumar. No lo ha conseguido del todo, pero dice que fuma menos y que no tiene esa ansiedad característica cuando está en un sitio donde no se permite encender cigarrillos. ‘Al menos, ya no paso el frío que pasaba saliéndome de los restaurantes a medio cenar para echar un pitillo’, me dice.

 

Mejor ahora. Ya tengo la relación de cuadros de la que saldrá mi exposición antológica. He conseguido encontrar cien, y de ahí se elegirán sesenta. La mayor parte de ellos están en las casas de quienes los adquirieron en su momento, o en colecciones públicas. El más antiguo es de 1968. Me ha hecho ilusión esta revisión de toda una vida pintando cuadros, aunque la exposición se haga porque ya soy mayor. Como me dijo un político: ‘Es mucho mejor que se haga ahora que cuando te hayas muerto’. (Me dieron ganas de asesinarlo allí mismo).

 

Sintiendo la carne palpitante. Por la calle, va una pareja muy joven, de unos quince años. Vistos de frente, parece que van cogidos por la cintura, pero, desde atrás, te das cuenta de que ambos llevan metida la mano por debajo del pantalón del otro, o sea, que él le va acariciando una nalga a ella, y ella le va acariciando una nalga a él, tan ricamente, y sin tela que la recubra. 

 

Harta. Una mujer mayor a su marido, por la calle: ‘¿Te quieres ir a la mierda ya y dejarme tranquila esta mañana?’

 

Se acabó. Ha dejado de llover. Qué pena.

 

 

 

 

 

 

Publicado: 15/03/2012

 Hace unos años, tuve que preparar la documentación necesaria para prejubilarme en la Enseñanza. Necesitaba mi ‘historia laboral’ y fui a pedirla en las oficinas de la Seguridad Social donde me la proporcionaron de inmediato. Era la primera vez en mi vida que tenía ese documento en la mano y así pude descubrir que, en el trabajo como profesor que desarrollé en un colegio privado a lo largo de siete años, solo me habían dado de alta y habían cotizado por mí durante dos cursos, de septiembre a junio, y el resto no constaba. Llamé por teléfono a esta empresa y hablé con su responsable. Me respondió tranquilamente que ‘entonces se hacía así’ (era a principio de los setenta) y también me dijo que ya habían surgido varios problemas como el mío, y que los profesores afectados lo habían denunciado ganando siempre el contencioso, porque, entre otras pruebas claras de nuestro trabajo, existían actas con las notas de los alumnos de esos años firmadas por los que dábamos las clases. Yo le indiqué que solo denunciaría si, con las cotizaciones que tenía, no podía acceder a la prejubilación. Afortunadamente, no hubo necesidad de llegar a ello, porque, a la vez que estudiaba, siempre estuve trabajando en esto o en lo otro y resultó que en aquellos empleos sí me habían dado de alta, sumando las suficientes cotizaciones para retirarme de las aulas al añadir estas a los años que fui funcionario.

 

Les cuento lo anterior porque ayer fui testigo de un hecho que me retrotrajo a tiempos pasados. A las ocho de la tarde, en un pequeño bar, tomaban algo de merienda tres albañiles con su jefe. Las ropas de los trabajadores estaban manchadas de yeso y era obvio que los estaba invitando después de un día de curro en la obra. Cuando salieron a la calle, el jefe sacó un fajo de billetes del bolsillo, les dio una cantidad a cada uno –sobre cincuenta euros, me pareció ver – y se despidió de ellos con un ‘hasta mañana’. Uno le dijo: ‘acuérdese de que faltan ladrillos para acabar el tabique’, a lo que él respondió: ‘a primera hora los traeré yo mismo’, y se marcharon.

 

Creo con toda seguridad que fui testigo de un hecho de los llamados ‘economía sumergida’ con pago diario en dinero más negro que mi corazón, y me dio la impresión que, encima, los obreros estaban felices de haber ganado ese jornal, supongo que por la escasez de trabajo en su gremio, y que este caso es uno más del veinticinco por ciento de este tipo de ‘actividad empresarial’ que se reconoce a nivel oficial y que se nutre de gente que no tiene más posibilidad de supervivencia que la de aceptar cualquier oferta, por más ilegal que sea, para sacar a su familia adelante. Ya no se trata de trabajar pensando en que, al hacerlo, estás cotizando para pagarte una jubilación cuando seas mayor; tampoco se trata de mantener con tus cuotas la seguridad social de todos los que ahora la utilizan pensando que otros más jóvenes pagarán la tuya. Para estas personas, ahora todo se resume a cómo conseguir algo de dinero del que sus hijos coman, o que un banco no los desahucie de su casa. Los demás sentimientos, todas las previsiones de futuro, cualquier otra premisa que no sea sobrevivir ha quedado apartada de las mentes de estos profesionales, normalmente buenos en sus oficios, trabajadores esforzados que disfrutaron, hace apenas unos años, de un empleo estable y bien pagado.

 

Estamos como en aquellos tiempos del cuplé cuando yo comenzaba a dar clases. 

 

 

 

 

 

 

Publicado: 29/02/2012

Sr. Duque,

 

Le escribo porque estoy siguiendo con interés lo suyo. Verá usted, si hay algo que me repele, en este mundo nuestro de hoy en día, es, sin duda alguna, la corrupción. Tendría que ser tan mayor como yo para comprender hasta qué punto confiábamos los de mi generación en que la democracia acabaría con todas aquellas tropelías de la posguerra y el franquismo, comenzando con el estraperlo (un hermano mío, de un año, pilló una infección muy grave, mi padre pasó una noche entera de casa en casa de los que estraperleaban con la penicilina para tratar de comprarla, no pudo conseguirla y el crío se murió por la mañana) y acabando con los trazados de carreteras que hacían curvas para dejar fuera la finca de un alcalde o de un concejal, que también lo he visto. Los ciudadanos de entonces veíamos las corrupciones, los tráficos de influencias, las injusticias que se tapaban, y callábamos porque era algo casi natural en un régimen como ese, pero, a partir de 1978, pensamos que ya nada sería igual. Y, en muchos aspectos de nuestra vida, así ha sido, solo interrumpidos de vez en cuando por los casos de corrupción política, cohechos y demás que nos han provocado a menudo ganas de vomitar, Sr. Duque.

 

Por otro lado, hemos visto en el cine americano montones de películas de ambiente judicial en las que se dejaba claro que unos abogados de prestigio siempre podían buscarle las triquiñuelas al sistema para salvar a los poderosos. Aunque, como se trataba de cine, a veces ganaba el abogado pobre y prevalecía la justicia, se veía como el acusado rico era preparado por sus letrados sobre lo que tenía que decir, cómo vestirse, qué actitud tomar, cuándo no contestar, etc. Se buscaba la salvación del acusado por más que se supiera que era absolutamente culpable. Los abogados defensores están para eso, dicen.

 

Y en todo esto pensaba yo al verlo a usted este fin de semana y al leer lo que se ha filtrado de su declaración. Su llegada al juzgado en un cochecito de gama baja, cuando lo hemos visto en impresionantes coches y sabemos que vive en una casa que ha costado varios millones de euros; elegir llegar, al menos, los últimos metros, andando despacio, cuando bien que corría hace unos días huyendo de los periodistas; vestirse elegante pero sencillo; hablar con los informadores para decir unas palabras que huelen cosa repetida cien veces frente a un espejo; insistir en echarle todas las culpas a su socio, como si usted, presuntamente, no hubiera estado allí siempre, como si no hubiese ocurrido que hasta su suegro, el Rey, le hubiese dicho que dejara de una vez todos eso negocios tan lucrativos.

 

Da la impresión de que hasta el último detalle ha sido preparado a fondo por esos abogados tan competentes. Todo suena a ensayado, a aconsejado por los que saben de esto de la justicia. Y uno no deja de pensar en los delincuentes desgraciados que están en la cárcel por robar un banco, por traficar con algo de droga o por otros delitos de unos miles de euros, porque el abogado que les tocó era una persona sin experiencia que no ensayó a fondo lo que tendría que hacer y decir. Incluso no tendrían forma física para aguantar un interrogatorio y las tensiones de tantas horas, como un deportista de su talla.

 

¿Habrá usted convencido al juez? A mí, muy poco. Lo siento.

 

 

 

 

 


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