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Gauden Villas

 

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Ha dicho muchas veces que su piel solo tiene un color: el rojo. Se creyó siempre un perdedor hasta que Luis Aragonés, el sumo pontífice, demostró que España también puede ser la más grande. Lloró con el gol de Iniesta y en su camiseta, contra viento y marea, luce el 9 de Torres.

 

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El blog de Gauden Villas

 

 

 

Publicado: 1/07/2012

 

                         
            Un día, dentro de mucho tiempo, hablaremos de esto con nuestros nietos. Les diremos que hubo un equipo que cambió la historia. La de España y la del fútbol. Les contaremos, siendo tomados por mentirosos, que durante un siglo no fuimos más que campeones mundiales de amistosos, que si no era un árbitro era una piel de plátano y si no un juez de línea quien nos devolvía para casa a las primeras de cambio. Les hablaremos de nuestras lágrimas, de ese complejo de inferioridad que sentíamos cuando veíamos a italianos o alemanes levantando, siempre ellos, los trofeos. Echaremos mano de obsoletos formatos digitales para enseñarles imágenes de futbolistas que siempre fallaban en las grandes ocasiones, a los que les temblaban las piernas en cuanto se acercaban al área rival.
 
            Vencer y convencer.-Luego, claro, presumiremos de haber presenciado, incrédulos primero, atónitos después, orgullosos ahora, la gestación, el desarrollo y la culminación del mejor equipo de fútbol de la historia. El triplete, en esta historia no es más que una anécdota, un colofón, brillante pero prescindible, que tiene que dejar paso a la sublimación del fútbol como deporte. España no solo ha ganado la Eurocopa. Lo ha hecho convenciendo, siendo fiel a su escuela en el trance final, ese que distingue a los hombres de los niños. Como si todo respondiera a un plan preconcebido, se dejó para el día D, para la hora H lo mejor de su repertorio. Como si quisiera responder a quienes hablaban de que su juego aburría, convirtió al aspirante al trono del buen gusto en una muñeca de trapo a la que zarandeó hasta dejarla convertida en un amasijo de harapos. Ya nadie volverá a hablar de Italia de la misma manera.
 
            Italia no va de rojo.-Acaso influenciada por esos cantos de sirena que tan rápido salieron a denostar a nuestra Roja, saltó Italia al campo dispuesta a hacer de España. Aparcó su entrenador la idea de los cinco defensas que tan bien le salió el primer día y, tan valiente como incauto, dejó el guante blanco para que lo cogieran los nuestros. El resultado fue devastador. De momento, y mientras el cuerpo aguante, España solo hay una. Italia tiene unos cuantos excelentes futbolistas. En España lo son todos –seamos generosos, por un día, con Arbeloa-. Y para jugar como la Roja es imprescindible contar con Xavi, Iniesta, Silva, Fábregas, nuestros centrales, Casillas y, de postre, un tipo como Jordi Alba capaz de correr más rápido que el mismísimo Usain Bolt. Jugar como la Roja es imposible si no eres la Roja. La historia, y no solo nosotros, lo dirá. Lo de anoche, ese cuatro a cero a Italia, saldrá en todos los libros, reverberará en todos los hogares de Europa por mucho tiempo. Si alguien tenía alguna duda, anoche se extinguió.
 
            Ave, Xavi.-Fue en la final cuando Xavi hizo, por fin, estelar aparición. Y si aparece Xavi, no hay rival que se resista. Allí donde habitan solo los valientes, anoche desfilaron nuestros bajitos, tocando al son que marcaba el director de la orquesta. Cogieron el balón, miraron hacia Roma, se lo enseñaron a Italia entera para que vieran lo que es un esférico, y ya no lo devolvieron. Tendrán que seguir esperando. De momento, y a la espera de que nos derrote el paso del tiempo, no hay sucesión que valga.
 
            No más lágrimas.-Las lágrimas italianas al acabar el partido eran nuestras hasta anteayer. Hoy somos risas, abrazos, alegría y ese grito de Iker, de nuestro gran capitán, brazos arriba, orgullo español, compartiendo la copa con todo el país. Ganan, convencen, casi humillan. Son España. Son, somos, los mejores.
 
           
 
           

 

 

 

 

 

Publicado: 1/07/2012

 

                         
            Un día, dentro de mucho tiempo, hablaremos de esto con nuestros nietos. Les diremos que hubo un equipo que cambió la historia. La de España y la del fútbol. Les contaremos, siendo tomados por mentirosos, que durante un siglo no fuimos más que campeones mundiales de amistosos, que si no era un árbitro era una piel de plátano y si no un juez de línea quien nos devolvía para casa a las primeras de cambio. Les hablaremos de nuestras lágrimas, de ese complejo de inferioridad que sentíamos cuando veíamos a italianos o alemanes levantando, siempre ellos, los trofeos. Echaremos mano de obsoletos formatos digitales para enseñarles imágenes de futbolistas que siempre fallaban en las grandes ocasiones, a los que les temblaban las piernas en cuanto se acercaban al área rival.
 
            Vencer y convencer.-Luego, claro, presumiremos de haber presenciado, incrédulos primero, atónitos después, orgullosos ahora, la gestación, el desarrollo y la culminación del mejor equipo de fútbol de la historia. El triplete, en esta historia no es más que una anécdota, un colofón, brillante pero prescindible, que tiene que dejar paso a la sublimación del fútbol como deporte. España no solo ha ganado la Eurocopa. Lo ha hecho convenciendo, siendo fiel a su escuela en el trance final, ese que distingue a los hombres de los niños. Como si todo respondiera a un plan preconcebido, se dejó para el día D, para la hora H lo mejor de su repertorio. Como si quisiera responder a quienes hablaban de que su juego aburría, convirtió al aspirante al trono del buen gusto en una muñeca de trapo a la que zarandeó hasta dejarla convertida en un amasijo de harapos. Ya nadie volverá a hablar de Italia de la misma manera.
 
            Italia no va de rojo.-Acaso influenciada por esos cantos de sirena que tan rápido salieron a denostar a nuestra Roja, saltó Italia al campo dispuesta a hacer de España. Aparcó su entrenador la idea de los cinco defensas que tan bien le salió el primer día y, tan valiente como incauto, dejó el guante blanco para que lo cogieran los nuestros. El resultado fue devastador. De momento, y mientras el cuerpo aguante, España solo hay una. Italia tiene unos cuantos excelentes futbolistas. En España lo son todos –seamos generosos, por un día, con Arbeloa-. Y para jugar como la Roja es imprescindible contar con Xavi, Iniesta, Silva, Fábregas, nuestros centrales, Casillas y, de postre, un tipo como Jordi Alba capaz de correr más rápido que el mismísimo Usain Bolt. Jugar como la Roja es imposible si no eres la Roja. La historia, y no solo nosotros, lo dirá. Lo de anoche, ese cuatro a cero a Italia, saldrá en todos los libros, reverberará en todos los hogares de Europa por mucho tiempo. Si alguien tenía alguna duda, anoche se extinguió.
 
            Ave, Xavi.-Fue en la final cuando Xavi hizo, por fin, estelar aparición. Y si aparece Xavi, no hay rival que se resista. Allí donde habitan solo los valientes, anoche desfilaron nuestros bajitos, tocando al son que marcaba el director de la orquesta. Cogieron el balón, miraron hacia Roma, se lo enseñaron a Italia entera para que vieran lo que es un esférico, y ya no lo devolvieron. Tendrán que seguir esperando. De momento, y a la espera de que nos derrote el paso del tiempo, no hay sucesión que valga.
 
            No más lágrimas.-Las lágrimas italianas al acabar el partido eran nuestras hasta anteayer. Hoy somos risas, abrazos, alegría y ese grito de Iker, de nuestro gran capitán, brazos arriba, orgullo español, compartiendo la copa con todo el país. Ganan, convencen, casi humillan. Son España. Son, somos, los mejores.
 
           
 
           

 

 

 

 

 

Publicado: 28/06/2012

 

                El fútbol tiene estas cosas. Puedes ver mil partidos que te dejan impasible, que olvidas al día siguiente. Y, de repente, llega lo de ayer. Te pasas una hora y media esperando a que pase algo. Luego media hora pensando que va a pasar y al final se para el tiempo, se sale de cauce el corazón y todo un país no hace otra cosa que padecer. Millones de amuletos salieron del armario. Besos de los niños, genuflexiones a la figura de Nuestra Señora, recordatorios al mostacho de nuestro señor seleccionador ¿De verdad merecíamos sufrir tanto?
 
            Decíamos ayer que nada es casual, de modo que tampoco debió serlo que el partido acabara como terminó. España no se pareció en nada al concepto que tiene de sí misma. Primero porque delante tuvo a una selección que hizo de cada metro cuadrado de campo una emboscada, que creyó en sus posibilidades y en ningún momento se dejó impresionar. Corrieron como jabatos, apretaron arriba como nadie lo había hecho en esta Eurocopa, ensuciaron cada hoja que los jugones de la Roja querían escribir. Un centímetro de error suponía una pérdida de balón, una decisión del árbitro, fuese la que fuese, un carrusel de protestas de unos portugueses tan antipáticos como su estrella y capitán.
 
            Del Bosque optó por un nueve para fijar a los centrales portugueses. Ni un solo español –salvo, quizás, los progenitores del futbolista- entendió que fuera Negredo. Si ya no cree en Torres ¿para qué queremos a Llorente? Nos pasamos una hora muriendo no en la orilla, sino a kilómetros de allí. No es que Portugal supusiera un gran peligro. Solo Arbeloa, empeñado en que Ronaldo escale algún peldaño más en su carrera, ponía algo de emoción al asunto con faltas sin sentido que Cristiano desperdiciaba sin despeinarse –la gomina tiene esas cosas-. España no fue mejor que Portugal. Tampoco fue peor. Un Ramos imperial, el mejor central del momento sin duda alguna, se encargó de dejar las cosas en su sitio cada vez que alguien quería importunar a Iker.
 
            Nos fuimos a la prórroga sin noticias de los porteros. Y ahí empezó a notarse que Pedro estaba en el campo. Si Negredo y Navas son jugadores por lo general irrelevantes en este equipo, las jugadas de Pedro suelen siempre acabar en algo. España empezó optando por lo de los últimos años –tiquitaca- y, cuando vio que no salía, terminó con lo de toda la vida –los extremos-. Del Bosque volvió a dar con la tecla. Portugal no podía con las botas. Alba, colosal, hizo auténticos destrozos por su banda y no hubo un español que no deseara que la prórroga durase un cuartito de hora más.
 
            Quien diga que los penaltis son una lotería no hace más que ignorar la realidad. Es una suerte más del fútbol, tan importante como cualquier otra. Los equipos que tienen buenos lanzadores y un buen portero vencen. Los demás perecen. Siempre fuimos malos hasta en eso –¿nos acordamos de Zubizarreta?-. Ahora tenemos a un tío, central para más señas, que se atreve a hacer de Pirlo. Si el italiano decantó la tanda contra Inglaterra con un lanzamiento a lo Panenka, Sergio destrozó la moral portuguesa haciendo lo propio. Venía de mandar una pena máxima a la luna contra el Bayern y su respuesta fue esa. Crack, figura mundial, pedazo de futbolista, monumento a las agallas y todo lo que se os ocurra. Reconozco que solo lo vi repetido. Pero no me perdí el último de Cesc. La victoria nos va a saber a gloria.
 
           
 
     

 

 

 

 

 

Publicado: 24/06/2012

 

                        Después de lo visto anoche, parece mentira que ni un siglo nos alcanzara para ganarles a los franceses. O mucho ha mejorado España, o todavía más se ha venido abajo Francia. O, pensándolo bien, un poco de ambas cosas. A los chicos del gallo les podíamos haber alargado el partido cien años más, que ni aún así. Iker no recordaba un partido tan tranquilo desde que era pre-benjamín y jugaba de extremo derecha. Los que lo vimos en cuadrilla mirábamos a un lado y a otro con cara de no entender, luego al reloj para asegurarnos de que no se había parado el tiempo y más tarde al calendario para comprobar que esto de verdad eran unos cuartos de final ¿Tan difícil era, queridos Camacho, Sáez, Clemente, Miera, Kubala, Suárez y compañía? ¿Tan difícil era?
 
            Salió Del Bosque con su plan A, que por fin sabemos en qué consiste. Pone a los bajitos, hace correr el balón y a los rivales, busca alguna entrada por banda y espera a la segunda parte para romper el partido con Torres y un extremo. Le salió bien y tendremos que envainar la espada. No vimos el mejor fútbol de nuestras vidas, pero tampoco hacía falta. La Roja cazó el gol bastante pronto, como lo hiciera contra Irlanda, y le bastó con seguir el plan. Nada que objetar, pues, a Don Vicente, que contó con la complicidad de un once que, esta vez sí, salió a comerse la hierba si necesario hubiera sido. Un poco más de velocidad en la circulación y, sobre todo, una agresividad en la presión sobre el rival que aún no habíamos visto, bastaron para desactivar a Francia. El gallo bien pareció un pollo recién salido del cascarón.
 
            Y si Del Bosque demostró saber lo que hacía, otro que nos dejó boquiabiertos fue Alonso. Sus defensores –también los tiene fuera de Madrid- salen hoy a la calle con sonrisa de oreja a oreja. Ni los más viejos del lugar recuerdan un partidazo de este calibre del mediocentro merengue. Se hizo con la manija, marcó los tiempos y se permitió marcar un auténtico golazo. Al César lo que es del César. Jugadón, por cierto, de Alba en el primero. Se consagró Alba el día que más lo necesitaba el equipo. Los del Barça se frotan las manos.
 
            La gente de Francia, una banda. El amigo Blanc se amilanó cuando menos le interesaba, dilapidando de un plumazo el cartel de entrenador valiente que tenía entre nosotros y que había llegado a hacer que sonase para el Barça. Lo de poner dos laterales nos suena demasiado familiar como para que nos embauquen con milongas. Sin Nasri –cuando saltó al campo, tampoco estuvo porque no le dio la gana-, Francia lo fiaba todo a Ribéry, por mucho que algunos se empeñen en hacer de Benzema el clon de Ronaldo. Y entre que el chico del Bayern no tuvo su noche y Ramos decidió hacer de Puyol, Casillas puso una conferencia con sus padres y el resto de españoles empezamos a pensar en qué grande sería que el gran partido que aún no nos acaba de salir lo tuviéramos contra Ronaldo y los otros diez de Portugal –que es eso: Cristiano y diez más-.
 
            Y así, casi sin enterarnos, estamos ya en semifinales. Y no tiene pinta de que vaya a quedar ahí. La Roja, como esperábamos, ha puesto una marcha más. La quita cuando no la necesita, pero sabemos que la tiene. La parroquia duerme a pierna suelta. Las pinturas de guerra regresan, por unos días, al cajón. Y sí, somos España y somos mejores que los franceses. Al menos en esto. Au revoir, La France. Qué bonito es ganar.

 

 

 

 

 

Publicado: 20/06/2012

                                

 Volvemos a las dos Españas. Una, paniaguada por un seleccionador cercano y simpático, que se deja el alma por atender a todos los medios, sigue pensando que en Del Bosque tenemos a un genio. Para ellos, suyo es el mérito de la victoria ante Croacia. Sacó el equipo que tenía que sacar, planteó el partido de la única manera posible y fueron los futbolistas los que no estuvieron a la altura. Se dejaron la intensidad en el vestuario y tuvo que ser el míster el que, con unos cambios providenciales, le diera la vuelta a la tortilla. He tenido que leer, incluso, que "nadie como Del Bosque se maneja con el 1-0". Textual.

 La otra tiene claro que la Roja tiene un gravísimo problema: con el paso del tiempo, su fútbol se ha vuelto tan previsible que los rivales lo desactivan hasta desnaturalizarlo por completo. La frescura de hace cuatro años forma parte ya de la historia. El tiempo, por un lado, y el seleccionador, por otro, han terminado por derribar una obra que parecía hecha para durar un siglo. Solo hace falta plantar sobre el campo a diez tipos con la única misión de defender para que de España solo se sepa en el recuento de pases  insulsos que llegan a su destinatario. Únicamente ante Irlanda se vieron atisbos de la vieja España porque solo entonces se consiguió abrir el marcador a los tres minutos de partido.  Del resto, apenas un cuarto de hora ante Italia puede ser rescatable, coincidiendo con el desconcierto que la entrada de Torres supuso para el sistema defensivo rival.

Mientras la guardia pretoriana del seleccionador le da vueltas y más vueltas a la enorme dificultad que supone ganar una Eurocopa -el arte de la adulación carece de la más mínima originalidad- la realidad lo convierte en sospechoso. Su viejo empeño en jugar con dos pivotes de carácter defensivo, menoscabando la labor de un Xavi que en el Barcelona abarca mucho más terreno del que aquí le dejan libre sus compañeros, sirvió para ganar el Mundial, pero nunca ha venido asociada al juego que de la Roja esperan sus aficionados. Ya entonces, su fútbol se atascó ante rivales ultradefensivos -recordemos Paraguay, o la final ante Holanda- y solo desplegó parte de su virtualidad ante rivales que planteaban encuentros más abiertos -Chile o Alemania-. El problema en esta Eurocopa es que los ejemplos de aquel Mundial y el más reciente del Chelsea y su ignominioso triunfo en la Champions League gracias a un fútbol ramplón y cicatero están demasiado recientes como para no tentar a quienes reconocen en España un rival al que no se le puede jugar de tú a tú. Exceptuando a franceses y alemanes, demasiado orgullosos los unos y necesariamente seguros de sí mismos los otros, el camino de la Roja no va a hallar en su camino más que versiones mejoradas del catenaccio de Italia o Croacia.

Para reeditar su triunfo en Viena, España tiene que dar un golpe de timón. Seguir jugando con ocho jugadores por detrás del balón de manera permanente conduce al suicidio asistido. Para agrandar las dificultades, además, la vieja red de seguridad que suponía tener la mejor defensa del mundo, ha desaparecido ahora con la apuesta de Del Bosque por un Arbeloa cada día más desnudado por sus carencias y con los problemas de entendimiento entre Ramos y Piqué. Cualquier error en uno de esos cientos de pases sin profundidad puede resultar mortal porque Casillas no lo va a parar todo en cada partido. Sin renunciar a un fútbol que es consustancial a la naturaleza de nuestros mejores futbolistas, a Del Bosque debemos exigirle que agudice el ingenio y, si puede ser, que sus mágicas aportaciones vayan más allá de introducir a corretear por la banda como pollo sin cabeza a un Navas que, a estas alturas, poco ya va a poder demostrar.

 En las grandes dificultades es cuando se detecta a los verdaderamente válidos. Hace nada, apenas cuatro años, nadie daba un duro por esta misma selección. Un tipo arisco, que apenas se sabía el nombre de dos o tres periodistas, fue capaz de variar el rumbo de su equipo y de la historia. Era sabio por viejo, por diablo y por tener las posaderas repletas de los arañazos que deja la carretera. Acaso el problema de Del Bosque es que no ha entrenado más que al Real Madrid -y en Turquía, unas semanas- antes que a España y ante la menor eventualidad tira de un libro de estilo que con nuestros futbolistas sencillamente no sirve.

 

 

 

 

 

Publicado: 19/06/2012

 

Nos vamos a pasar de aquí al sábado oyendo lo mismo. Del Bosque, sus chicos y su constelación de aduladores nos recordarán sin tregua lo difícil que era nuestro grupo, que no hay enemigo pequeño, que España ha hecho su fútbol y ha jugado como siempre, que siguiendo así, con humildad -¿qué demonios es la humildad?- vamos a llegar lejos. Me temo que se equivocan. Porque el juego que ha llevado a España al lugar que ocupa, salvo que el seleccionador nos contradiga, no se reducía a pasar el balón de uno a otro de nuestros futbolistas sin mayor objetivo que no perderlo. Eso para Luis Aragonés era solo un medio. Ahora parece ser un fin.
                Y así nos encontramos con que el equipo volvió a tirar a la basura todo el primer tiempo llevando el balón de uno a otro de sus componentes como si la portería contraria no existiera. Los peculiares analistas que se llenan la boca con la cantidad de veces que Xavi o Iniesta tocan el balón levitan aún a esta hora en éxtasis contemplativo ¿Cuántos fueron? ¿500? ¿800? ¿3200? ¿Para qué exactamente? Del portero de Croacia ni supimos. Ni con nueve, ni sin nueve. A poco que Iniesta se tomó un respiro -no puede ser siempre el mejor- se nos pinchó el globo. Si, por añadidura, el rival es un equipo de la antigua Yugoslavia, capaz de defender por tanto un cero a cero hasta la muerte aunque con él se queden fuera de la Eurocopa -el entrenador apareció sin gorro y, por tanto, sin papeles-, bien podría la UEFA devolver la mitad de la entrada a todos los que en Gdansk estuvieron padeciendo todo aquello.
                Y si en la primera parte nos fue mal, la segunda fue peor. Porque en cuanto al rockero que entrena a los chicos de Modric y compañía alguien desde Zagreb le avisó de que quizás era conveniente que marcasen algún gol -se sospecha que el hombre tenía ya el paquete de vacaciones comprado a partir de mañana y no le apetecía demasiado perderlo-, se fueron para arriba y crearon bastante más peligro que España. No dieron diecisiete mil pases horizontales, pero Casillas tuvo que volver a salvar los muebles. Esto, después de lo de Italia, ya no es ningún accidente tipo Suiza. Ante Suiza, en el Mundial, España disparó infinidad de veces a puerta, tuvo ocasiones de sobra para ganar y el rival se impuso de pura chiripa. Croacia no fue mejor que España entre otras cosas porque ni siquiera salió a disputar el partido. Se negó a jugar al fútbol y, durante setenta minutos, se limitó a poner a diez hombres dentro de su área. Pero aún y así, con un equipo en el que Rakitic, el del Sevilla, es un puntal,  fue capaz de hacernos sufrir.
                La falta de frescura de nuestros futbolistas no se vio, desgraciadamente, compensada por el virtuosismo del seleccionador, cuya primer decisión relevante fue sacar del campo a Torres para introducir a Navas. Y Jesusito se pasó diez minutos intentando meter centros para que los rematase Silva entre dos centrales de otros tantos metros. La banda derecha de la Roja, o lo que queda de ella, la ocupaban por entonces Arbeloa y el extremo del Sevilla. Croacia se relamía y muchos nos temimos lo peor. El gol postrero resultó engañoso. Los defensores de la irrealidad se aferrarán a la victoria para vender continuismo. Pero así vamos directos al fracaso. Así de claro. Sin ir más lejos, el cruce de cuartos nos puede enfrentar a Inglaterra, cuya forma de jugar será idéntica a la de Croacia, pero con futbolistas bastante más hábiles que los croatas. El día de Irlanda, el gol de Torres abrió la lata y propició que el equipo jugara como sabe. La obligación de Del Bosque es buscar una manera para que la Roja siga siendo la Roja aunque la lata esté cerrada.

 

 

 

 

 

Publicado: 15/06/2012

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                Liderada por un Torres magistral, España dio anoche un puñetazo encima de la mesa. No le hizo falta su mejor fútbol porque el rival se desmoronó antes de tiempo. Le bastaron unos cuantos golpes de inspiración para demostrar que no ha ido a Polonia de vacaciones, que la vieja chispa sigue viva y que cuando se abandonan los inventos el fútbol sale solito.

                The Kid templó, mandó y mató como el enorme delantero centro que siempre ha sido. Contra Italia ya se mostró rápido, valiente, entregado. Falló de cara a puerta y dio munición al pelotón de sus críticos. Ahora permanecerán callados. Él se sacó de la manga el primer gol ante Irlanda. Un monumento al arte de la depredación en el área, la sublimación de la fuerza, las ganas y el coraje. Luego tocó, desbordó, abrió huecos, hizo diagonales, paredes, presionó a la defensa, fijó a los centrales y generó un absoluto desconcierto en la zaga rival que todavía  a estas horas estará soñando con él. Su noche se vio coronada con un segundo gol en el que redimió lo que desperdició ante Buffon. Y no fue a más porque su entrenador, en otra  decisión desconcertante, decidió substituirlo.

                Lo que contra Italia fue espeso y lento, volvió a su cauce contra Irlanda.  La movilidad de Torres dinamizó todo el frente del ataque.  Liberados de la tarea de encarar a los centrales en cada jugada, Iniesta y Silva pudieron desplegar un fútbol más cercano a su potencial. Por fin tenían a alguien que les abría huecos o se desmarcaba a toda velocidad ofreciendo líneas de pase. El Niño fue, además, el primero en ejercer una presión asfixiante en la salida del balón del rival, bien secundado por la segunda línea y por la pareja Busquets-Alonso, que por fin se decidieron a hacer coberturas decentes a los laterales. Incluso Arbeloa, aunque solo por momentos, pareció jugador para la Roja. Alonso solo perdió siete balones, lo cual es casi tan destacable como la goleada.

                No fue Irlanda rival para valorar el verdadero estado de forma de España. Sí resultó útil para certificar quién es quién en este equipo y rearmarse en torno a un dibujo más cercano a lo que pide la afición -no se puede tener todo y sabemos que Del Bosque nunca va a renunciar a Xabi Alonso-. El empate ante Italia y, quizás más todavía, las críticas recibidas propiciaron un grado de implicación en los futbolistas que no se vio ante Italia. Más allá de la evidente falta de calidad irlandesa, nuestra defensa no dio una sola opción. Ni por abajo ni, como se temía, por arriba. Ese es el camino.

                El pobre partido de Italia ante Croacia viene a ratificar, además, la fragilidad del argumento de quienes justificaban la preocupante imagen que dio España el otro día en haber tenido enfrente a una "selección con cuatro estrellas de campeona del mundo". Los italianos han ganado cuatro mundiales, pero ahora tienen los futbolistas más limitados de los últimos treinta años. Amarraron un empate con Croacia gracias a una falta que se inventó el árbitro -el tal Webb, un peligro público- y acabó transformando Pirlo. La profusión de calidad en nuestra selección coincide con una sequía de talento generalizada. No aprovecharlo sería una verdadera lástima.

 

 

 

 

 

Publicado: 13/06/2012

 

Nos quieren hacer creer los de Madrid que el debate sobre el pobre juego de España se centra si hay que jugar o no con delantero centro. Su reduccionismo merengue lo centra todo en si Cesc -casualmente barcelonista- debe o no dejar paso a Torres. Se niegan a siquiera considerar que la única razón por la que Arbeloa y Alonso están en el once es por la famosa "cuota madridista" que Del Bosque, tan políticamente correcto siempre, ha encontrado como fórmula para edulcorar la hegemonía del Barcelona y obtener el salvoconducto de la caverna mediática. Son esos dos futbolistas los que lastran a una Roja que, con un retorno a sus orígenes, lo tendría todo para revalidar el título. No deja de ser irritante que cualquier análisis sobre el universo de la selección tenga que hacerse, en medios supuestamente nacionales, a partir de la óptica del madridismo más recalcitrante. El absurdo alcanza su paroxismo cuando pontifican convencidos que si hay que renunciar a un pivote defensivo, ¡el sacrificado debe ser Busquets y no Alonso! Lo próximo será reclamar a Mourinho como sucesor de Don Vicente, nacionalizar a Coentrao, Altintorp y Sahin y cambiar el color de nuestra camiseta. Y no al verde, precisamente.
Dos errores defensivos en cinco minutos echaron por tierra las esperanzas griegas. Salieron dormidos y el castigo será, previsiblemente, la pesadilla de la eliminación. Estaban, además, sobre aviso porque Chequia ya salió en tromba contra los rusos, para después venirse abajo. Entonces, el rodillo ruso les acabó pasando por encima. Ayer, a los griegos no les dio más que para acortar distancias. No andan sobrados de estilistas, precisamente. Lo que está claro es que si los partidos durasen un cuarto de hora, en los Rosicky y compañía teníamos un candidato claro a alzarse con la Eurocopa. En hora y media, van a tener más problemas. Se jugarán pasar a cuartos contra Polonia en un partido que promete.
Rusia lleva tiempo garantizando espectáculo. Juegan y dejan jugar. No es casual que el mejor fútbol que se le ha visto a la Roja -y a equipo alguno- en su historia fuese contra ellos. Una victoria ante Polonia los colocaba en cuartos. Pero los polacos van a vender cara su piel. Plantaron cara desde el primer minuto en un partido vibrante, con ataque y contraataque, con gente pisando área contraria y porteros que salen por la tele para algo más que sacar de puerta -como hicieron los de Inglaterra y Francia-. Unos y otros tuvieron el partido a sus pies, aunque seguramente fue Polonia la que más hizo por llevarse el gato al agua. Su seleccionador aprendió la lección -esperemos que el nuestro haga lo propio- y presentó un equipo agresivo que, lejos de bajar el pistón, jugó una segunda parte espectacular. Rusia, fiel a su línea, no supo nadar y guardar la ropa tras ponerse en franquicia, dejó unos espacios descomunales por detrás de sus dos medios centros y concedió un sinfín de ocasiones que hicieron de su portero el héroe de la noche. Que su capitán sea Arshavin da buena cuenta de lo que es este equipo: genio un día, desastre el menos pensado.
Hoy vuelve el grupo de la muerte y habrá que ir tomando partido. Se pone uno a analizar y lo único que saca en claro es que ahí el simpático es Dinamarca. Ver a Ronaldo y Pepe en Portugal pone las cosas fáciles: a la calle, de ser posible hoy mismo. Holanda tiene a DeJong y su pandilla, liderados por un entrenador de la escuela Trapattoni: que se vuelvan para casa. Queda Alemania, que si bien es cierto que cuenta con Khedira y Özil, también lo es que no dejan de ser buenos chicos y, al fin y al cabo, les tenemos tomada la medida. Dejaremos que sufran un poco, que de vez en cuando no va mal, y los citaremos en semifinales.

 

 

 

 

 

Publicado: 13/06/2012

 

Nos quieren hacer creer los de Madrid que el debate sobre el pobre juego de España se centra si hay que jugar o no con delantero centro. Su reduccionismo merengue lo centra todo en si Cesc -casualmente barcelonista- debe o no dejar paso a Torres. Se niegan a siquiera considerar que la única razón por la que Arbeloa y Alonso están en el once es por la famosa "cuota madridista" que Del Bosque, tan políticamente correcto siempre, ha encontrado como fórmula para edulcorar la hegemonía del Barcelona y obtener el salvoconducto de la caverna mediática. Son esos dos futbolistas los que lastran a una Roja que, con un retorno a sus orígenes, lo tendría todo para revalidar el título. No deja de ser irritante que cualquier análisis sobre el universo de la selección tenga que hacerse, en medios supuestamente nacionales, a partir de la óptica del madridismo más recalcitrante. El absurdo alcanza su paroxismo cuando pontifican convencidos que si hay que renunciar a un pivote defensivo, ¡el sacrificado debe ser Busquets y no Alonso! Lo próximo será reclamar a Mourinho como sucesor de Don Vicente, nacionalizar a Coentrao, Altintorp y Sahin y cambiar el color de nuestra camiseta. Y no al verde, precisamente.
Dos errores defensivos en cinco minutos echaron por tierra las esperanzas griegas. Salieron dormidos y el castigo será, previsiblemente, la pesadilla de la eliminación. Estaban, además, sobre aviso porque Chequia ya salió en tromba contra los rusos, para después venirse abajo. Entonces, el rodillo ruso les acabó pasando por encima. Ayer, a los griegos no les dio más que para acortar distancias. No andan sobrados de estilistas, precisamente. Lo que está claro es que si los partidos durasen un cuarto de hora, en los Rosicky y compañía teníamos un candidato claro a alzarse con la Eurocopa. En hora y media, van a tener más problemas. Se jugarán pasar a cuartos contra Polonia en un partido que promete.
Rusia lleva tiempo garantizando espectáculo. Juegan y dejan jugar. No es casual que el mejor fútbol que se le ha visto a la Roja -y a equipo alguno- en su historia fuese contra ellos. Una victoria ante Polonia los colocaba en cuartos. Pero los polacos van a vender cara su piel. Plantaron cara desde el primer minuto en un partido vibrante, con ataque y contraataque, con gente pisando área contraria y porteros que salen por la tele para algo más que sacar de puerta -como hicieron los de Inglaterra y Francia-. Unos y otros tuvieron el partido a sus pies, aunque seguramente fue Polonia la que más hizo por llevarse el gato al agua. Su seleccionador aprendió la lección -esperemos que el nuestro haga lo propio- y presentó un equipo agresivo que, lejos de bajar el pistón, jugó una segunda parte espectacular. Rusia, fiel a su línea, no supo nadar y guardar la ropa tras ponerse en franquicia, dejó unos espacios descomunales por detrás de sus dos medios centros y concedió un sinfín de ocasiones que hicieron de su portero el héroe de la noche. Que su capitán sea Arshavin da buena cuenta de lo que es este equipo: genio un día, desastre el menos pensado.
Hoy vuelve el grupo de la muerte y habrá que ir tomando partido. Se pone uno a analizar y lo único que saca en claro es que ahí el simpático es Dinamarca. Ver a Ronaldo y Pepe en Portugal pone las cosas fáciles: a la calle, de ser posible hoy mismo. Holanda tiene a DeJong y su pandilla, liderados por un entrenador de la escuela Trapattoni: que se vuelvan para casa. Queda Alemania, que si bien es cierto que cuenta con Khedira y Özil, también lo es que no dejan de ser buenos chicos y, al fin y al cabo, les tenemos tomada la medida. Dejaremos que sufran un poco, que de vez en cuando no va mal, y los citaremos en semifinales.

 

 

 

 

 

Publicado: 12/06/2012

                                                               

Autoestima por los suelos la de los ingleses. Antes del partido, los comentaristas de ITV -el canal que retransmitía  para Gran Bretaña- confesaban resignados conformarse con "hacer un buen papel" ya que "no va ser esta Eurocopa donde Inglaterra entierre sus penas". El entrenador no convence a nadie -la gente quería a Redknapp-, del portero no se fía ni su señora progenitora -cada intervención del chico se analiza como si fuera una heroicidad- y, francamente, ausente Rooney no tienen un solo jugador que salte a la vista.

 El partido fue, distancias salvadas, algo así como el España-Italia. Francia se suponía que tenía que llevar el peso del partido, pero se dejó la velocidad y la chispa en el vestuario. Enfrente, un rival duro de roer, con una defensa sólida que no se va a desencajar ni ante la inminencia de un seísmo bíblico. A la hora de crear, Inglaterra es como un tanque oruga, así que lo único que le quedaba era esperar alguna jugada a balón parado. Ellos inventaron el fútbol y las dispusieron para intentar ganar partidos como este. Francia, además, se lo sirvió en bandeja. Evra hizo una falta absurda, Diarra dejó libre a su marca y el portero francés se quedó tomando el té de las seis encima de la línea de cal. Marcó Lescott, que en sus horas libres hace de actor de reparto en Star Trek, en el único disparo de Inglaterra entre los tres palos. Con eso y un disparo torpe de Milner, los chicos de la ITV y media pérfida albión se dan por más que satisfechos con lo que hicieron sus muchachos. Lo que te hace pensar en la suerte que tenemos.

Francia decepcionó. Es cierto que tenía enfrente un rival incómodo, que perseguía cada balón como si estuviera en la caza del zorro. Pero se esperaba más de los bleus. Su sala de máquinas no carbura y el ataque acaba fiándolo a lo que hagan Ribéry, Nasri y Benzema. No es poca cosa, desde luego, pero un día malo de ese trío te manda directo al aeropuerto a coger el primer avión de Air France porque no tienen a nadie que les haga la más débil de las sombras. Lo de Ribéry resultaría desesperante si fuéramos franceses. No lo somos y se queda en irritante. Está tan prendado de sí mismo que en cada jugada intenta regatear a siete contarios. El chico es buen futbolista, pero ni es Messi ni tiene ya edad para esas cosas. El día que le salga todo, Francia será un peligro público. Hasta entonces se quedará como ayer en una escopeta que dispara balas de fogueo. Por lo demás, lo hizo bastante bien Debuchy -como nos temíamos- y comenzó el partido con una pérdida de balón de Rami cerca de su área que nos hizo creer que estábamos aún en marzo y jugando en el Sánchez Pizjuán. Algunas cosas nunca cambian.

 El fútbol de verdad lo pusieron Ucrania y Suecia. Con bastante menos hicieron bastante más. Cuestión de actitud. Los supuestos favoritos del grupo D jugaron al trote, a menudo cochinero. Era media tarde y las ovejas del mundo se quedaron dormidas. Las presuntas cenicientas salieron al galope. Sobre todo los locales. Superados los nervios iniciales, se fueron a por el partido. Suecia plantó cara y, en su línea habitual, no se dejó impresionar. Ibrahimovic tuvo los detalles de genio que suele mostrar con su selección y tras su gol todo parecía inclinado del lado vikingo. Pero en esas apareció Shevchenko.

El nueve ucraniano lleva diecisiete años siendo internacional. Nadie en esta Eurocopa le supera. Con su selección, que no es ninguna potencia mundial, ha marcado 49 goles. A los 36, ya no es el jugador que asolaba las defensas rivales con el Milan, pero vaya dos chicharros que se sacó de la chistera anoche. Fue la guinda de la fiesta total para un país que no está, precisamente, para tirar cohetes. Hizo, además, justicia, pues aunque los suecos sacaron la rabia al final, nadie en el campeonato ha peleado tanto por ganar un partido ni recorrido tantos kilómetros para hacerlo como estos ucranianos, que van a luchar por cada metro cuadrado  de campo con el cuchillo entre los dientes. El grupo está abierto  a todo tipo de sorpresas.

 

 

 

 

 

Publicado: 11/06/2012

                                                

                 Noventa y dos años sin ganar a Italia en partido oficial y todo apunta a que pasarán otros tantos, o más. Ni nuestros nietos se darán ese capricho. Y eso que esta Italia es como un león sin dientes. Le quedan garras sin mucho filo -Balotelli es un regalo para cualquier rival- y esa defensa numantina que tendrán hasta el fin de los tiempos. Poco más. Y, sin embargo, durante más de una hora fue mejor que España. O lo que fuera que nos preparó Del Bosque ayer.

             Resulta difícil saber si la desesperante lentitud con la que se movían los campeones del mundo obedecía a una consigna o era producto de un sistema absurdo -no sabemos qué es peor-. Quiso el seleccionador copiar a Guardiola hasta en lo de jugar sin delanteros, olvidando que Guardiola tiene a Messi y él no. El resultado fue descorazonador. La primera parte de España fue de lo peor en muchos años, recordó tiempos pretéritos, derrotas contra Corea, gatillazos que creíamos extintos. Iniesta, Silva y Fábregas chocaban una y otra vez contra una defensa amurallada que se relamía de gusto, derrochando miradas de incredulidad ante las facilidades concedidas. No hubo un desborde en velocidad porque nadie la tenía, españoles de toda condición maldecían su suerte y Buffon bien pudo haberse permitido darse una vuelta por Turín para ampliar su colección de relojes.

             Mala cosa el orgullo. Tras ese desastre descomunal, tras esos cuarenta y cinco minutos tirados a la basura, Del Bosque no hizo cambio alguno. Italia sí. Liquidó al "amigo" Balotelli y su reemplazo no tardó ni tres minutos en adelantar  a su equipo. Yo decía ayer que echaríamos de menos a Puyol. No sabíamos cuánto. La pareja Piqué-Ramos no funciona, por si teníamos pocos problemas. El empate de Fábregas, una genialidad, fogonazo aislado fruto del privilegio de contar con futbolistas excepcionales.

             La cosa empezó a cambiar con Navas y dio el vuelco definitivo con la salida de Torres. Hubo dos partidos. Hasta que apareció el Niño todo era oscuridad, parsimonia y lamentos. Con Torres se abrieron los huecos, le ganó las primeras carreras del partido a los defensas italianos y puso el miedo en el cuerpo al humorista Chiellini -el catenaccio italiano fue de catálogo la mayor parte del encuentro- y compañía. Pero como en esta España de hoy no estamos para muchas alegrías, el Niño dejó también argumentos de sobra para sus detractores. Falló dos goles cantados. Yo me quedo con que con él apareció la Roja y los italianos empezaron a sufrir. Los que había en Polonia y los que lo veían desde su casa.

             Hay que consolarse pensando en todo lo que se puede mejorar a poco que se pongan los medios. La desaparición de Arbeloa se antoja imprescindible. Sus autopistas a Cassano, su debilidad en el choque y su nulidad en cuanto pisa el área contraria fueron desesperantes. El regreso de Ramos al lateral no debería postergarse. Otro invento que no ha funcionado. Lo de Alonso ya no es invento. Es una afrenta nacional -ya sabemos que la prensa merengue se considera de un país aparte-. Creíamos que su capacidad para perder balones había alcanzado el cénit. Pero crece con los años. También crece Iniesta, como enorme futbolista, pero hay que ponerle alguien a quien le pueda dar el balón dentro del área. Yo reclamo a Torres y, si no, a Llorente. Pero déjese usted de ñoñerías, seleccionador.

             Lo increíble del asunto es que un barco que hizo aguas por tantos sitios, no acabara hundiéndose. Hace una década, Italia nos habría masacrado. Ayer, cedió un empate y no acabamos ganando porque Torres sigue sin estar fino de cara a puerta. Es tanta la diferencia de calidad entre los futbolistas de España y el resto que incluso se pueden permitir a Del Bosque, Arbeloa, Alonso y a los corifeos exigiendo más madera blanca para el fuego patrio. Un poco de sentido común puede aún llevar la nave a puerto. Estoy convencido que el seleccionador rectificará.

            

 

 

 

 

 

Publicado: 10/06/2012

 

                       
            La Italia intelectual.-“Pues con este, ya he escrito más libros de los que he leído”. La frase no es de Unai Emery. Es de Antonio Cassano, uno de los puntales de la Italia que esta tarde vuelve para enfrentarse a España, y la pronunció tras presentar su segunda autobiografía. El que fuera último gran fichaje de aquel primer Florentino galáctico -y auténtico terror de los padres madrileños en las noches de la capital- define, sin intención, la esencia del fútbol italiano: acaban escribiendo un libro sin haber leído ninguno. Las publicaciones no suelen ser demasiado brillantes –a veces incluso lo son-, pero pueblan bibliotecas en las que están ausentes aspirantes a escritor y estudiosos que de tanto preciosismo se quedaron por el camino.
           
            Humor azzurro.- Además de un literato, cuentan los italianos con un humorista de fuste. Uno de sus centrales, Chiellini, dijo el viernes: “Nosotros no saldremos a esperar a España porque ese no es nuestro juego”. Le faltó añadir que lo suyo ha sido siempre el tiquitaca. Tanto van a atacar que su entrenador está pensando seriamente en la posibilidad de salir con tres centrales. Es lo que le reclama el país y no está la cosa como para andarse con inventos.
 
            ¿Dónde estás, Puyol?.- Ganará España si no se despista atrás. Es ahí, y no en la falta de gol, donde veo yo el problema. En el lugar de Villa va a entrar Silva y no creo que salgamos perdiendo. Villa apura sus últimos cartuchos y Silva dispone de un arsenal completo de munición. El asturiano ya no es el de hace cuatro años y el canario es todavía mejor que entonces. Pero atrás, la cosa cambia. De la defensa de Sudáfrica apenas nos queda Ramos y ocupando una posición distinta a la que le ha convertido en figura mundial. Piqué no sabemos si estará, o mandará a su holograma como ha hecho esta última temporada en el Barcelona. En el cambio de Alba por Capdevila, España gana en velocidad y desborde, pero pierde en altura y pillería, sin que sepamos aún si eso es bueno o malo. El cambio de cromos entre Puyol y Arbeloa presenta más problemas. Puyol era el alma de esa defensa, un titán inexpugnable. Y sí, algo tendrá Arbeloa cuando Benítez y Mourinho han confiado en él. Pero yo no se lo sé apreciar. No me fío.
 
            Muchos retos por alcanzar.- Por si acaso, señalar que ni nuestros abuelos han visto una victoria española sobre Italia en partido oficial. La última –y primera- en 1920. Casi nada. En Austria, dos horas de partido no sirvieron para pasar del 0-0. Luego llegó Casillas y se echó el país a la espalda. Tampoco se recuerda una victoria ante Francia, y esos pueden venir en cuartos. Esta Eurocopa se presenta cargada de oportunidades. Quien crea que ganando Eurocopa y Mundial ya está todo hecho se equivoca. Son tantas las espinas clavadas en el alma de una afición que no ha parado de sufrir que el margen para la vendetta es casi infinito.
 
            Alemania calienta motores.- No fueron mejores los alemanes. Tampoco fueron peores y, en esas circunstancias, acostumbran a ganar. Puede ser una impresión engañosa, pero dos de sus puntales de los últimos tiempos, Müller y Schweinsteiger, parecen muy lejos de su mejor versión. La selección suele curar todos los males de cualquier futbolista alemán, así que habrá que temerse lo peor.
 
            Se pinchó el globo naranja.- Fueron finalistas en Sudáfrica practicando un fútbol pésimo y, de momento, se les ha acabado la fiesta. La suerte es caprichosa, amigo DeJong. Aunque la derrota no es definitiva, los holandeses, que tan bien se manejan en el antifútbol, van a tener que mostrar algo más si quieren clasificarse. Un regreso rapidito a casa pondría a más de uno en su sitio ¿Echarán de menos al sevillista Maduro?

 

 

 

 

 

Publicado: 9/06/2012

Dicen que a la Merkel le gusta el fútbol. Si ayer por la tarde se puso a ver el Grecia-Polonia, no se descarta que haya dado órdenes de hacer a Salpingidis primer ministro griego y dejarse de elecciones que no van a hacer más que complicar el asunto y nuestra prima de riesgo. El jugador del PAOK salió del banquillo para dar un recital. Pudo con todos y fue el líder de una Grecia ante la que hay que quitarse el sombrero. No repetirá el resultado de 2004 porque, entre otras cosas, no tiene a Charisteas, Nikopolidis y aquellos dos pedazo de centrales de entonces, pero aprovecha como nadie el escaso armamento del que dispone. Es el Levante UD de Europa y hay que perdonarle que no se atreva a más.

Se merendó Grecia a los polacos –a los que el gas les duró un cuarto de hora- y no sucumbió ni a su peor enemigo ayer: el árbitro. Por desgracia, estamos demasiado acostumbrados a que los colegiados españoles den la nota un campeonato tras otro. Desde el atraco de Lamo Castillo a la URSS en el 82 –cómo sería de grande que, treinta años después, yo mismo me acuerdo de aquello ¡y era un chaval de once años!-, cuando UEFA o FIFA necesitan a un tipo que eche una mano –entonces que pasase Brasil, ahora que los polacos no lo hagan demasiado mal como país anfitrión- siempre recurren al Velasco Carballo de turno. El único español sobre el terreno de juego fue el peor. Lamentable.

Paradójico, cuanto menos, después de ver a los polacos, que España, como campeona, haya tenido que disputar fase de clasificación y estos chicos estén jugando de gorra. Buen delantero centro en Lewandowski, aceptable su banda derecha y poco más. Su portero, tan proclive a meter la pata como en el Arsenal y su defensa, para echar a correr. Lástima que Karagounis les regalara el penalti porque en absoluto merecieron el empate que se llevan para casa.

Y si el primer partido no estuvo nada mal, el segundo resultó hasta divertido, confirmando que el fútbol de verdad solo se juega cada dos años –solo imaginar un Sevilla-Mallorca tras un Osasuna-Rayo Vallecano conduce directamente al insomnio-. Vimos que por Rusia no ha pasado el tiempo. Juegan tan bien como hace cuatro años, cuando tuvieron la mala suerte de toparse con la mejor versión de la Roja. Además, han incorporado jóvenes futbolistas que apuntan maneras en un momento de casi absoluta sequía de nuevos valores a nivel continental. Muy bien Dzagoev, un chico de Osetia cuya página de wikipedia –en inglés- ya se había actualizado con sus dos goles a Chequia tres minutos después de que fuera substituido. Tiene maneras y seguidores de lo más activos a nivel cibernético. Cañonazo inapelable el del Pavlyuchenko en el cuarto de Rusia por mucho que el 5 de Chequia seguramente recortará esa jugada cuando les enseñe a sus hijos el partido. Que juegue Kerzhakov teniendo a Pavlyuchenko es otro de los misterios que solo entiende un entrenador.

 No fue rival Chequia, a la que solo le queda el carácter irreductible de los paisanos del soldado Svejk respecto a aquel equipo que deslumbró hace ocho años. Por entonces, Baros y Rosicky presentaron credenciales de figuras mundiales. Hoy son sombra de un pasado glorioso y a su alrededor revolotean futbolistas que apenas alcanzan el notable, cuando no el suficiente. Que agradecer, no obstante, la actitud de su entrenador. Si el de los polacos asistió pasmado a la descomposición de su equipo –hasta el punto que el único cambio que quiso hacer no puedo llevarse a cabo porque se acabó el partido-, el checo plantó a sus futbolistas con la intención de conseguir la victoria. Seguramente se irán, pero lo harán con la cabeza alta, que es de lo que se trata.

 

 

 

 

 

Publicado: 8/06/2012

                                         

 

            La Eurocopa, como el Mundial, parece que no va a llegar nunca. Y de repente resulta que empieza hoy. Nos pilla desprevenidos, pero sabemos que el proceso de adaptación es corto. Es poner la tele para ver el partido inaugural y darte cuenta de que ahora la cosa va en serio.

            Tengo delante el calendario, los grupos, las selecciones clasificadas. Veo algunas que sobran y no quiero ni pensar lo que será la próxima Eurocopa con ocho países más (no queda lejos el momento en que veamos a San Marino o Islas Feroe luchando por pasar a cuartos). Así, de entrada, lo del grupo A es como de risa. Vale que los polacos fueron muy simpáticos aceptando que la final fuera en Kiev, pero tampoco había que hacerlo tan descaradamente. El resultado es que en el grupo de al lado, el B, se la juegan cuatro selecciones de rompe y rasga. Ahí va a estar el espectáculo hasta cuartos.

            La gente -o su traslación moderna al mundo del fútbol: las casas de apuestas- dan favorita a España. Antes, cuando éramos campeones mundiales de amistosos y perdedores impenitentes de todo lo demás, los únicos que nos dábamos como favoritos éramos nosostros mismos. Ahora son los demás y, como somos españoles, somos nosotros los que no lo vemos tan claro -más allá de la prensa de Madrid, que piensa que vendiendo optimismo vende más periódicos-. No estamos tan bien como hace cuatro años y estamos un poco peor que hace dos. Que los otros sean capaz de superarnos está por ver.

            ¿Que de qué otros hablo? Pues para empezar, de Alemania. Los hemos tumbado dos veces seguidas, lo cual engrandece nuestras victorias. La tercera será más complicada. La mayoría sube y baja al albur de generaciones más o menos brillantes de futbolistas. Los alemanes ni suben, ni bajan, siempre están arriba. Si tienen tíos que saben moverla, la mueven y, si no, buscan otra manera. El país en sí se transforma durante estas citas. Da gusto pasear por sus calles y ver cómo sacan la Eurocopa a las terrazas, los jardines, las plazas y los parques. Lo viven, en definitiva. Quizás por eso no hay futbolistas más mentalizados que los alemanes.

            Siguen hablando de Holanda. Y yo la veo fuera en la fase de grupos -es desde luego un deseo, que acaso influencia mi análisis-. Simpáticos como país -al menos para mí- el actual seleccionador ha convertido a ese equipo en un batiburrillo de zapadores del antifútbol. En el Mundial -contra Brasil sobre todo- agotaron su cupo de suerte. A poco que  Ronaldo, o los chicos de Dinamarca, tenga su día, De Jong y su cohorte de pandilleros volverán a casa bien pronto. A dar patadas a las latas de cerveza del Red Light District.

            Italia siempre es Italia, aunque siga jugando Cassano. Es un torneo corto y se nota el partido menos que en el Mundial. Equipos que apuestan al cero-cero, tipo Grecia en la Euro que ganó, pueden apurar su suerte. Los italianos son un poco como Alemania, pero en plan depresivo, así que por el bien del fútbol sería deseable su pronta desaparición. Ver desaparecer a Balotelli de los titulares sería el premio añadido para la inteligencia mundial.

            De los otros, veo muy mal a Inglaterra. Ningún inglés entiende que hayan optado por Hodgson -la gente quería a Redknap- y el pobre hombre trabaja con la espada de Damocles encima desde que llegó. A ello hay que añadir una generación bastante limitada en talento. En cambio, aprecio mejoras en Francia. Blanc es un tipo listo, tiene dos delanteros de primer nivel -Benzema y Ribéry- y una defensa más que competente. En partidos de ida y vuelta es un equipo temible.

            Veremos, finalmente, si, como parece, la aborrecible corriente del fútbol tacaño y avinagrado que llevó al Chelsea a ganar la Champions tiene su continuación en Polonia y Ucrania. Que Holanda juegue al catenaccio no es, desde luego, ningún buen augurio. Ver a Trapattoni en Irlanda tampoco invita a ponerse a bailar. Habrá que esperar por dónde nos salen Francia e Inglaterra. Porque España y Alemania ya sabemos que saldrán a ganar.

 

 

 

 

 

Publicado: 5/06/2012

Estadio Arena Gdansk

Quedan pocos días para el debut de la Roja y, español que es uno, ahora me entran las prisas. Sudáfrica quedaba un poco a desmano —la gente de la FIFA, siempre mirando por el aficionado de a pie—, pero Polonia, en la era digital, está aquí al lado. Todavía viven en mi mente los recuerdos de Austria y, aunque más apagados, los de Torres destrozando a los de Ucrania en Leipzig en 2006. Así que vamos a intentarlo. Ser un piel roja tiene estas servidumbres. Vamos a hacer historia y hay que estar allí.

Todo por la Roja
El partido contra Italia es el 10-J en Gdansk. Tiro de 'edreams' para comprarme el billete de avión. La oferta más barata desde Valencia son 989 euros —se ve que en Polonia no hay crisis— y me obligaría a salir el día 9. El vuelo dura 25 horas —con escalas, claro—, pero por desgracia llega a las 18:40. Demasiado tarde —el partido es a las 18:00—. Hay que buscar otra alternativa. Cambiamos de precio. Por unos euritos más —996— tengo un vuelo que llega a las 10:25 de la mañana, ofreciéndome el inusitado placer de un tour por aquella bonita ciudad portuaria. El problema está en que eso me obliga a salir de Valencia un día antes, el 8 de junio. El vuelo dura 41 horas. No sé qué haré en un viaje tan largo —creo que en globo, como Phileas Fogg, llegaría antes—. No siendo futbolista, que diría Guardado, detesto los videojuegos —en realidad no sé ni cómo se enciende una Play— y leer en los aeropuertos me da dolor de cabeza. En fin, todo por la Roja.

Horribles alternativas
Solucionado el vuelo, y dispuesto a dejar atrás a la familia para pasar 41 horas de aeropuerto en aeropuerto sólo por estar en Polonia, voy a por el hotel. Me meto en ´booking.com´ y las primeras alternativas me horrorizan. Por un par de billetes de cincuenta me ofrecen una tienda de campaña a compartir a quinientos metros de la fan zone. Jamás he practicado el camping y, con la edad, cada vez duermo peor. Descartado. Siendo Polonia el país que es, cuatro estrellas es lo mínimo para asegurar un lavabo en condiciones y no compartir habitación con coleópteros de toda condición. Ante esta perspectiva, se me ofrecen dos alternativas: el Kobza Haus —aquí le darían media estrella—, por unos módicos 1.147 euros la noche, y el Hotel Hanza —en Benidorm acaso alcanzase las dos, siendo generoso— por algo menos, 666 euros. Malvado como soy, compruebo sus precios para el mismo día de mes pero en agosto y la cosa saldría por 74 y 126 euros respectivamente. Empiezo a pensar que alguien me está tomando el pelo.

Precios sin crisis
Vamos, pues, a por la entrada para el partido. ´Viagogo´ me la ofrece por 199 euros, ´ticketcity´ por 335 dólares y ´onlineticketexpress´, que tampoco se han enterado de la crisis, por 299 euros. Opto por el primero, dando gracias a Dios por que aún existan empresas que no roban a sus clientes —también creo que son un poco tontos, pero a mí qué más me da—, aunque luego me obliguen a sentarme en un lugar desde el que no distinga a Llorente de Cazorla.

Viaje por 1.861 euros
Echo cuentas y entre viaje, hotel —escojo el más baratito de entre los que no me obliguen a botar toda la noche para no ser Florentino— y entrada, la excursión me sale por 1.861 euros. Le enseño la cifra a mi mujer, que de inmediato desiste del empeño de acompañarme y se acuerda de una pariente cercana de Platini quien, igual que Blatter, está encantado de llevar el fútbol a países de tercera siempre dispuestos a atracar al primer pardillo que, como yo, no puede evitar ser un patriota.

Turismo sexual
Hay, por cierto, un grupo de chicas muy graciosas que van enseñando los pechos —a ver si hay suerte y aparecen por Gdansk— para protestar contra el ingente batallón de prostitutas con las que Ucrania va a recibir a los futboleros de turno. Dicen que lo del turismo sexual, en plan Houellebecq, es degradante. Pero que nadie se haga vanas ilusiones: si las meretrices suben los precios igual que los hoteles, no habrá habido en la historia Eurocopa más respetuosa que la santa institución del matrimonio.

El mañana no existe
Por desgracia, el Mundial en 2014 será en Brasil y volverán a montar otro atraco a mano armada nacional. Así que vivamos como si mañana no existiera. Somos la Roja y vamos a por todas. Me he venido tan arriba que, por si acaso, ya he reservado habitación para el día 1 de julio en Kiev. Partner Guest House —el de la foto—. Una noche, sin breakfast, sólo me ha costado 1.191 dólares —lo mismo que una semana en Cancún, con todo incluido—. Lo más barato que tenían. Una bicoca. Viva la UEFA, amigos.