Yayo Delgado
Periodista. (Murcia, 1977) Columnista en La Opinión de Murcia. Blogger (Achopijo). Actualidad, costumbrismo, nostalgia y fútbol. Solo murcianista.
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Actualidad y comentarios al más puro estilo murciano, con un toque nostálgico, fútbol y mucha sencillez. Acho, pijo...
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Achopijo
Publicado: 15/05/2012
Iron Maiden
Un grafitero francés con pinta de yerno perfecto viaja por el mundo visitando lugares donde destaca un movimiento grafitero original. Uno de esos programas que pesqué en Odisea zapeando, y de los pocos en los que recogí la cañica. El zagalico es un poco pasmao, como buen gabacheras, pero los reportajes se dejan ver a gustico. El otro día el payo estuvo en México D.F. en la celebración del Día de Muertos, nada menos. Calaveras para qué os quiero. Justo un par de días antes mi compañera Amalia López ya había advertido del asunto en la primera página de este diario. Ojo, que se viene la invasión de las calaveras… y bueno, ni que pintado en graffiti, fenómeno de convergencia al canto. No pasa un día en el que no me cruce con una calavera que me mira fijamente, y entonces fusiono al gabacho con el artículo de Amalia. El domingo, al terminar un trote de quince minutos por la playica en el que casi me despellejo, fui a parar a una conversación de rubias con bikinis blancos y pareos. Hablaban de anillos en forma de calavera.
Lo de las calaveras no es nuevo. Es un rentrée de los míticos del verano, de esas cosas que vuelven y al que las inventó o las ha tenido siempre como mito se le caen los palos del sombrajo. Vamos, que sólo falta que le pongamos el tonico de Georgie Dann, y ya puede decir Mario Vaquerizo esta calavera es mía. Ya ves tú, calaveras. No es el tema que rompe al uso, como aquello del champú de caballos. Lo de las calaveras lo veo yo un poco hasta vintage. En mi clase había un tipo que sacaba todo insuficientes, pero dibujaba unos Eddies, la mascota de los Iron Maiden, que es una calavera maléfica cabreadísima que se mueve como un jugador de baloncesto, que eran para hacer colección y venderlos en Sotheby´s a buen precio. Obras de arte a boli bic. Pasó la EGB perfeccionando su técnica Eddie. Igual este es su verano.
Así que nada… Bajé a tirar la basura, y una zagalica esperaba a su familia en el chino de debajo de casa hablando por un móvil de última generación, vaqueros minúsculos y camiseta de tirantes, de esas así ochenteras grandotas, colganderas, con un pedazo calavera en brillantes que me miró una vez más a los ojos. Esto no hay quien lo pare. Ya que nos estamos quedando en los huesos (agarren la metáfora que luego me dicen que me cuido demasiado bien), qué mejor momento que darle salida a las calaveras. Hasta en las modas vamos a ir de cráneo… ¿Te persiguen las calaveras? Vale.
Publicado: 14/05/2012
Stay foolish...
Las casi anónimas lágrimas de Ibai Gómez me llegaron más que las de cualquier otro jugador del Athletic, la noche en la que Falcao ascendió al cielo del fútbol. La ilusión lleva a la euforia, y la euforia puede llevar a una confianza en el destino que nunca es tal, y menos en el fútbol. Lo primero que dijo el Cholo Siemone fue que los niños llevarían con orgullo la camiseta del Atleti al cole al día siguiente. También lo hicieron los del Bilbao. En el primer aniversario Lorca vivió otro terremoto. Esta vez el de la actualidad y los recuerdos. Primero fue el temblor. Luego el pánico. Después el dolor… y desde ese instante, un inagotable derroche de solidaridad. Lo malo es que esa solidaridad nunca es suficiente.
El aniversario del terremoto ha servido para apretar algunas tuercas de conciencia, y para que veamos volar armas arrojadizas en forma de telas de araña y fuegos artificiales… Nadie está preparado para un terremoto destructivo, quorum. Tampoco para la reconstrucción de esa destrucción. Más allá, parece que los caminos vuelven a separarse, y aunque su destino es el mismo, la paradoja es que justo en medio, sigue estando Lorca, y lo único que está en nuestras manos es, al menos, que ese derroche de solidaridad siga fluyendo, y Lorca siga llamando la atención, como esos niños del Athletic que fueron a clase con la camiseta de su equipo al día siguiente, aunque perdieron la final. Nadie se va a rendir, y aunque la solidaridad no sea suficiente, sí puede ser el camino para avanzar.
Unos murcianos locos del ciclismo están hoy en Suecia disputando la carrera ciclista más antigua del mundo, en un ejemplo enorme de ilusión, porque allá se han ido con lo puesto, sin bollos horneados, con Lorca en sus pensamientos, dejándonos una pequeña guinda dulce en un pastel de escombros, en esta extraña semana de recuerdos, en la que llegamos al corazón de mayo con sabor amargo, y un Apple Store. Stay hungry, stay foolish… Hambriento y alocado. Steve Jobs manda uno de esos mensajes eternos que valen para todo, perfecto para afrontar lo que queda de mayo, y lo que venga después, día a día, mucho más allá de fechas marcadas en el calendario en las que enarbolar banderas, ya sea en el aniversario de un terremoto, o en un partido de fútbol. Vale.
Publicado: 8/05/2012
Ir con los que ganan es muy fácil
Ir con los que ganan es muy fácil rezaba una pancarta en el graderío superior del Palacio de los Deportes de Madrid, abarrotado por más de 13.000 seguidores del Estudiantes y tres centenares de murcianos del CB UCAM. Una de las cosas más bonitas que he hecho en mi vida es vivir una Copa del Rey de baloncesto con la Demencia. Aprendí mucho de cómo puede quererse a un equipo mucho más allá de sus resultados, y de cómo esa forma de ser lleva al éxito, aunque el éxito simplemente sea entender qué eres, y no lo que puedas ganar siéndolo. Los chavales que llenaron las gradas de lágrimas y ánimos de impotencia tampoco olvidarán el primer descenso de su equipo nunca, y estoy seguro, les hará más fuertes. Que el UCAM se haya salvado allí, de la forma que lo hizo, es tan importante como el descenso del histórico. El deporte vive y se fortalece con momentos así, y participar en ellos es siempre un extra.
Aquel Juver Basket Murcia que luchó por entrar en Europa contra Elosúa, que llenaba en cada partido, ya tiene herederos para la historia del baloncesto murciano. Los Douby, Barlow, Augustine, Franch, Miso… y cómo no, el mítico Quintana, que en pocos meses se ha convertido en un entrenador de esos que en América tendrían una serie, una película o al menos una estatua…pasarán a la historia de otro deporte maldito para la ciudad, hermano gemelo del fútbol en muchas cosas, aunque diferente en otras. El basket ha llegado un paso más allá, así como ElPozo lo ha hecho tres o cuatro más lejos aún, tocando el cielo; por medio queda el mítico Voley Murcia campeonísimo, en una extraña ecuación en la que el deporte murciano ha navegado las últimas tres décadas, triunfando en todo, casi haciéndolo en baloncesto, y relegando al deporte Rey a la ilusión de sueños que parecen imposibles.
El UCAM tiene, lo tenía con Guil, una idea de club que se ha hecho identidad muy rápido, como le pasó a aquel Juver. Hay ganas y hay sobre todo confianza y fe en un proyecto que parece tener un peso interno que ha sido decisivo en el acierto con las decisiones, algo sobre lo que nadie tiene una varita mágica, ni siquiera con todo el dinero del mundo. La tradición del baloncesto en Murcia recuperó toda su fuerza con el ascenso, pero con la permanencia de este año volvemos a estar ahí, tocando nuestro techo deportivo, para dar ese paso que tantas generaciones llevamos esperando. Nuestro Sí se puede debe ir ahora más allá, sin complejos. Es seguro, está demostrado, que Murcia responde, y eso que no siempre han ido bien las cosas... No es fácil ser del que nunca ha ganado, por eso, enhorabuena a todos los que siempre han estado ahí, a los que ser del UCAM Murcia les parece mejor. Vale.
Publicado: 7/05/2012
Abrazos en italiano entre cañicas de Estrella, sol de atardecer sobre los cristales de cientos de gafas de colores, unas viejas all star pintadas con bolígrafo, un tipo con chaqueta y corbata, otro con rastas y camiseta sin mangas, cigarros liados entre bambalinas, y los móviles sin cobertura, bailar entre desconocidos y contarse una historia, recordar la música en cassettes, sentarse en el césped, las colas sencillas y amenas, la previa de marineras y bolitos con la gente de fuera que repite por quinto año consecutivo, las ganas de Plaza de las Flores, y los días cortos, y los días largos.
Las noches largas, las noches cortas, el mar de manos de ilusión y olvido, las camisetas personalizadas, la solidaridad, el pedazo temazo, los músicos murcianos, las mochilas, las desvirtualizaciones, las fotos en la red, el hashtag #sos48, los que aguantan dos y tres pulseras, los voluntarios y sus camisetas.
Los autobuses a la playa, los descansos entre conciertos, los paseos entre el gentío, y los saludos murcianicos entre miles, y otra vez los abrazos. El anuncio de Estrella, los silbidos perdidos, los reencuentros, hasta el frescor del río Segura, y los recuerdos de La Fica. Las diferentes generaciones, la mezcla y los colores, los ojos cerrados, aquella canción, los primeros acordes de mil recuerdos, las luces de los teléfonos grabando, descubrir a miles de personas de puntillas, las agujetas, las despedidas, los que se conocieron aquí, que te pregunten en inglés, un acho entre mil gritos, los limoneros del paseo y el barrio de Vistabella invadido por buen rollo.
Los que van un día, los que van los dos, los que guardan fuerzas, los que queman las naves… más de treinta mil historias en 48 horas de soserías, murcianas, porque de todo el Sos, lo mejor es su gente, en Murcia, que se pone en el mapa. Enjoy. ¿Vas al SOS4.8? Vale.
Publicado: 4/05/2012
Tosca y los 'pedióricos'
Los sábados, domingos y festivos, Aurora ponía ópera. Casi siempre Puccini… Madama Butterfly, La Boheme… y sobre todo, Tosca, con su María Callas del alma. Así nos levantábamos en casa, mientras papá salía a por el pan y los periódicos. Recuerdo perfectamente quedarme embobado mirándola cantar en playback, a la perfección, aunque sobreactuando hasta el límite, para que yo prestara atención. La verdad es que flipaba, y supongo que los vecinos también, porque el viejo tocadiscos sony sonaba a todo lo que daba la ruleta plateada del volumen. Pan, tostadas, zumo, unas galletas… y a los sofás con las bandejas. Había días de sol, la mayoría, en los que entraban los primeros rayos por las ventanas del salón, iluminando la melodía de aquella voz inconmensurable “como la que no habrá otra jamás”, que decía mamá.
Era uno de esos momentos únicos, que se recuerdan con la magia de la familia. Había periódicos y revistas para todos, yo incluido. Aún sin saber leer, recuerdo esforzarme por copiar las posturas de mis padres leyendo los periódicos, con la ópera de fondo. Fuera el que fuera, lo abría y trataba de sujetarlo mirando a un lado y al otro, sin que se deshiciera entero, que era lo que solía pasar. ‘Pediórico’, no es una errata, con la ‘d’ delante, fue una de las primeras palabras que aprendí. Papá me comentaba las noticias sobre fútbol, y me enseñaba la clasificación señalándome el lugar del Murcia. Luego, comentaban entre ellos tal artículo, la otra columna, una noticia, otra… yo me empapaba como podía, y luego soltaba algún nombre a voleo cuando mis padres estaban con amigos, así, de repente, decía: - ¡Calvo Sotelo! Y todos se partían la caja y yo triunfaba.
Aquellos días de periódicos se siguen repitiendo exactamente igual. El ritual ha mejorado, ahora somos más, y en casa entran dos o tres periódicos todos los días. El ejercicio de comentar y debatir es sanísimo. El periódico es mucho más que lo que pasa cada día, las informaciones, su análisis, las opiniones, las imágenes... Es un valor de la sociedad democrática en la que vivimos, y ahora, más que nunca. El periodismo está sufriendo la crisis, como todo lo demás, y quizás es un poco más injusto, porque es ahora cuando es más necesaria la información veraz, respetuosa y trabajada por profesionales, y, paradoja, es ahora cuando menos posibilidades hay para elaborarla. Ayer los profesionales del Periodismo alzaron su voz pidiendo dignidad en la profesión. Apoyar esa dignidad tiene muchas lecturas, pero hay una especialmente sencilla, que está en mano de la sociedad. Para cualquier cosa, simplemente, siempre es mejor estar bien informado. ¿Compras los periódicos? Vale.
Publicado: 2/05/2012
Acebuche
“Pocas cosas sientan mejor que un largo paseo por el monte en esta época del año”. Esta es una de esas frases que repetimos, sea el día que sea, primavera, verano, otoño o invierno, cuando a media tarde nos perdemos entre el bosquecico de pino mediterráneo y las colinas, junto a la Sierra de Monóvar, entre La Algueña y La Romana, muy cerca del límite de la provincia murciana. Siempre llevamos razón. Los campos de esparto están espléndidos, se mecen con las rachas de viento como si fueran las crestillas del Mar Menor en un día de lebeche. Yo no era de campo. Me estoy haciendo poco a poco. Más allá de aquellas excursiones al Valle Perdido y al pantano de Santomera, de crío he sido más de mar e ir de zorros por la costa del Mar Menor cuando los fines de semana de abril íbamos a la playa a recorrer toda la orilla con los pantalones remangados buscando ladrillos forrados de algas.
Un gladiolo de mayo se aúpa entre una preciosa manta de flores amarillas de siempreviva, bajo un acebuche que crece imposible, a la vera del camino. “Hace años el monte estaba limpio, los esparteros retiraban el esparto, que iba todo para Cieza, y lo seco, lo amontonaban en un claro los carboneros, que lo prendían”. Siempre se toca algo de nostalgia, y se aprende, cuando paseas con alguien que lleva el campo en lo más profundo de su corazón. Los niños cogen palos, y se apoyan en ellos para andar imitando a los mayores. Preguntan por cada flor, y se las regalan a su madre.
Perdemos la cobertura. El silencio se agranda, resguardado por el sonido de las ramas de pino contra el viento. Andamos subiendo la colina, por caminos marcados gracias a los viejos surcos de agua. Caen pequeñas gotas de rojo intenso, como si fueran pinceladas al azar, a los dos lados del camino. Amapolas que provocan el alboroto de los zagalicos, que las señalan y se acercan a observarlas como si fueran un milagro de color. A la vuelta, los niños a ‘coscoletas’, te devuelven esa sensación única que es ser padre, retrocediendo treinta años en un instante. Al bajar la colina un avión de Air Berlín gira buscando la pista de El Altet. El coche se divisa a lo lejos, junto a la casa. El móvil vibra en el bolsillo. Los zagalicos se bajan y corren hacia sus juguetes. Un instante de felicidad, un beso, un abrazo, un suspiro… Volvemos. Miro la pantalla del teléfono: ‘Evo Morales expropia la filial de REE en Bolivia’. (A Pilar, por todo. Felicidades) Vale.
Publicado: 2/05/2012
Gran vía peatonal
Estoy con todo lo que sea peatonalizar, acho. Es así. Nos cuesta un mundo dejar el coche, tengamos la parada del butu en la puerta de casa, que ni con el tranvía terminamos de soltarnos, pero los coches en el centro de la ciudad sobran para todo, no hablaremos de parkings, zonas azules y rojas, multas, atascos, precio de la gasolina… Es que es verdad universal que una ciudad sin coches en su casco antiguo es una ciudad con todas las letras. Así que ya sabe el señor Iniesta que aquí, en este rinconcico de murcianadas diarias, tiene un apoyo para peatonalizar hasta el infinito y más allá. Lo he dicho varias veces, pero en esto de la peatonalización hay que sacarlo a menudo, que ya nos comimos muchas páginas de periódicos cuando Cartagena se puso las pilas, y mira que da gusto pasearse por su casco, sus calles limpicas sin coches y transitar, perdiéndose por el modernismo de aquella ciudad mito que tenemos a orillas del Mediterráneo.
Murcia es otra cosa, cierto es. Pero metiéndole mano ahora a la Gran Vía, que no quede ahí la cosa, y pasemos el asunto a la otra Gran Vía, el Paseo Alfonso X El Sabio, que lleva años pidiendo a gritos que se abra a la peatonalización completa, que si podemos con una, podemos con la otra, y con todo lo que nos pongamos delante. Comercios, bares, limpieza… todo es más fácil, y la ciudad gana siempre… ¿Alguien se acuerda de cuando pasaban conches por Libertad? No está el horno ni para encenderlo, pero bueno, dicen muchos genios que lo que tenemos que hacer es seguir mirando hacia el futuro, y el futuro es peatonalizar, usar el transporte público, las bicis y andar en el centro cuanto más mejor.
A los nietos les diremos, cuando echemos un paseo de esos de mirar al cielo y sonreír cuando sólo tengamos tiempo para los buenos recuerdos, que por aquí pasaban coches… coches en el centro de las ciudades, menudas cosas dice el abuelo achopijo, pensarán ellos, como cuando mi abuela me contaba que cuando yo era un zagalico que se acordaba, de pequeña, del día exacto en el que llegó el primer coche a en Ceuta, la ciudad donde vivía, y yo la miraba extrañado, como si fuera el principio de un cuento fantástico. La Calle Correos, Santa Teresa, todo San Andrés, Cánovas del Castillo… yo empezaba y no paraba hasta, como dice el gran Superperrete, dejar Murcia echa un solar, esta vez, en el buen sentido. ¿Peatonalizarías? Vale.
Publicado: 30/04/2012
#ideasporlorca
Escribo la columna de este domingo, con el aniversario de los terremotos de Lorca a la vuelta de la esquina, gracias a una iniciativa que desde que conocí me pareció una de esas cosas que despiertan la esperanza. Varios profesionales de la Universidad de Murcia organizaron una jornada de Comunicación sobre Crisis totalmente solidaria, para recaudar fondos para el trabajo de las Hijas de la Caridad de Lorca en el proyecto ALCA, donde trabajan en la integración de niños y jóvenes, el congreso Crisol 2012, reunió a más de 200 personas. El pasado viernes pasamos un día especial, en el que volvimos a vivir aquellos fatídicos días, con un nudo en la garganta, dándole sentido a ese no nos olvidamos de Lorca por el que no esforzamos en esta actualidad tan compleja.
El curso ha servido de mucho. No sólo por los expertos que han compartido teorías y prácticas sobre momentos de crisis, especialmente porque todos los que estuvimos allí hemos recuperado un poco más el recuerdo de la solidaridad que se movió esos primeros días tras los terremotos. Especialmente ha sido importante por eso, y porque del congreso hemos salido con ganas de propagar ideas y encender oportunidades para ayudar a Lorca. A pocos días del aniversario es importantísimo que aprovechemos la oportunidad que viene, entre todos. Es el momento perfecto de poner en marcha #ideasporlorca y buscar la implicación de quienes pueden hacer mucho a través de la solidaridad.
Un e mail, un tuit, o muchos de ellos a grandes cantantes y estrellas pueden hacer milagros. Mover la solidaridad, incluso en estos tiempos difíciles, puede hacer mucho por Lorca, para que no nos olvidemos de que aún queda mucho por hacer, y sobre todo, de que toda ayuda será buena para afrontar ese futuro. Juan José Litrán, jefe de relaciones externas de Coca Cola, se llevó la idea de organizar algún evento en Lorca… ¿La Copa Coca Cola, quizás? Enrique Alcat se comprometió a presentar un libro, quienes vinieron de fuera se llevan esa idea de Lorca. Ayudémosles a difundirla, porque hoy se puede. Ahora más que nunca, todos somos Lorca, y todos podemos hacer algo, no sólo para que no se olvide, también para que la solidaridad llegue donde tenga que llegar. Gracias a toda la gente de Crisol 2012, y mucho ánimo para Crisol 2013. Vale.
Publicado: 30/04/2012
Mou & Pep
Andan los madridistas y los barcelonistas discutiendo quién ha sido el mejor perdiendo, allá donde te pares a escuchar un ratico. Dale al play, y graba, que hacemos historia con esta Champions, y de la manera que nadie esperaba. Esos dos segundos de saludo van con lo que cada uno defienda, partiendo de que por primera vez en mucho tiempo se les ha quedado a los dos la misma cara. Dos iguales para hoy. Corren por la red chistes de unos y otros, las dos Españas balompédicas. Al final, la imagen que queda en la retina es de esas que no se olvidan. Dos tipos, uno madridista y el otro blaugrana, abrazados y cabizbajos, compartiendo el varapalo, complacidos los unos por el fracaso de los otros. Igual nunca habían estado tan cerca. Unidos por sus derrotas. Aunque no creo que la próxima vez esperen un poco antes de sacar la artillería pesada.
Mientras, quienes hemos permanecido en medio, expectantes, hemos disfrutado de unas semifinales de Champions como las de antaño, en las que, aunque parezca mentira, todos tenían sus armas y opciones. Fútbol, por fin. Fútbol que va dejando lecciones una y otra vez, pero muy pocas veces conseguimos aprenderlas, aunque todo el mundo las interprete a su manera, que por eso es el deporte Rey. Es lo que tiene este juego, que combina tantas posibilidades ligadas al más puro azar, que lo que se aprende termina infravalorándose tan rápido como quedas eliminado en un penalti. No se puede ganar siempre, ni siquiera teniendo todas las ventajas, todo el dinero, y a toda la gente del mundo. Ese hilo de esperanza mantiene fieles al fútbol y a sus equipos a cientos de miles, así que estas derrotas han aupado un poquito más a todo un mundo del fútbol que sufre cada domingo esperando un sueño que no llega nunca.
Esa dualidad futbolística patria es tan antigua como nuestro fútbol, Athletic de Bilbao mediante, y debe tener su explicación sociológica. No soy de los que piensa que la gente es de uno o de otro exclusivamente porque ganen más. El origen del asunto está arraigado ya en generaciones y generaciones, tópicos aparte. Hay quien dice que por eso son grandes, como si habláramos del huevo y la gallina, y quien defiende que son tan grandes que ése es el motivo por el que les sigue todo el mundo. Lo que últimamente me está llamando la atención, y acaso es el motivo principal por el que ahora sí creo en un cambio, es que, algunos, se molestan cuando descubren que hay seguidores de otros equipos que no siguen a ninguno de los dos, y eso es nueva cosa. Ya sería raro… Pero ¿y si naciera la lógica en el fútbol español y cada hincha fuera sólo del equipo de sus amores? Ánimo a los dos, hombre, aunque vaya Madrid y vaya Barça tenéis... (con cariño a madridistas y barcelonistas) Vale.
Publicado: 25/04/2012
Imagine Central Park
Las ardillas en Central Park se acercan a comer frutos secos casi hasta morder la mano. Corretea hacía ti. Miran curiosas a un lado y a otro, y en un instante, se hacen con su comida y salen brincando a esconderse. Me acerqué al mosaico siendo consciente de que iba a vivir uno de esos momentos que sabes que vas a recordar siempre. Me agaché, y acaricié la palabra ‘Imagine’ que brilla en el centro del círculo. El sol reflejaba sobre las piedras, colándose entre los frondosos árboles del parque. Una niña acababa de dejar una rosa amarilla sobre la letra ‘g’, dándole un beso antes de hacerlo. “El poder de ‘Imagine’ es que todos somos libres para imaginar”. Un tipo con barba, una camiseta negra de manga larga, vaqueros y chanclas repetía aquella manida y simple frase a todo el que se acercaba, dándole la mano y sonriendo, mirando a los ojos, en un rollo hippie, aunque envuelto en misterio. Nueva York también tiene eso. En aquel momento no le hice mucho caso.
Cada vez que he vuelto a escuchar ‘Imagine’ (John Lennon, 1969) en la radio, en un autobús, por la calle, en un bar, en la melodía de un móvil, en un café, en la televisión, tarareada por alguien en un semáforo… he recordado siempre aquel instante, la flor amarilla, la niña, el tipo con barbica, la frase, la sonrisa, las ardillas, las luces y las sombras. Desde aquel día no ha sido la misma canción que sonaba en la cinta de los Beatles que gastaba en el walkman, camino del Instituto o la Universidad, mientras repasaba mentalmente los temas del examen. Igual que para millones de personas.
Las versiones de ‘Imagine’, donde John Lennon se confiesa soñador, habían sido visitadas ayer al caer la tarde más de tres millones de veces en Youtube. Millones de personas desde 2008 han ido a buscar la canción en la red y han estado los tres minutos y medio intentando, casi seguro, dar respuesta a esas dudas que nos deja el día a día de cualquier vida, en cualquier punto del mundo. Estoy seguro de que los motivos que han llevado a toda esa gente a escuchar a Lennon son tan diferentes entre sí como no podríamos imaginar nunca, y también de que en todos los casos, imaginar les ha ayudado, quién sabe a qué, por qué o cómo, sin que en nada de todo eso hubiera pensado jamás ni siquiera el propio Lennon. Imagino a todas esas personas, dándole al play delante de su ordenador, buscando una respuesta en un sueño utópico, y sintiéndose mejor, y a aquel tipo de barba sonriéndoles a todos ellos, diciéndoles: os lo dije. Vale.
Publicado: 24/04/2012
Nueve Reinas (2001)
Por esas cosas del azar que la vida cotidiana nos va dejando como si fueran rachas de viento inesperadas, pensé en Argentina un poco antes de que empezara el pulso que ahora parece inexorable entre nosotros, y no fue por fútbol. Hace un par de domingos, decidí perderme unas calles más arriba, paseando, para comprar el pan, en vez de ir al sitio de siempre. Encontré una pequeña confitería de barrio, con los estantes semivacíos, un frigorífico con bebidas, unas lejas con productos básicos y apenas un par de ensaimadas en exposición. Pasaba el mediodía, pero quedaban un par de barras de pan. Esperé mi turno. Delante de mí, una pareja de argentinos, claramente reconocibles por el acento, esperaba un encargo. La dependienta salió con una bolsa con bases para empanadas, y explicó que eran caseras, y que debían utilizarlas pronto, también, con un marcadísimo y precioso acento argentino.
De repente, pensé, podía estar en cualquier panadería de Belgrano, Rosario o Mar del Plata, esperando mi turno para comprar el pan. Charlaban entre ellos con esa cercanía especial que se tiene cuando estás con un paisano lejos de casa, casi familiar. Él volvía. Regresaba a la Argentina en apenas dos semanas.
– No, regreso yo solo, ellos se quedan acá, a ver… La cosa está muy mal, no hay laburo y no llegamos…
La historia no era nueva. La dependienta, con gesto amable hasta la ternura, gesticulaba con la conciencia de una situación que se repite. La conversación intercalaba consejos sobre la elaboración de las empanadas, con resignación por un presente con el futuro incierto.
– Ya no es como antes, y lo primero es lo primero.
Asistía a uno de esos miles de dramas que deja la gran crisis. Recordé a Darín, cuando en ‘Nueve Reinas’ (Fabián Bielinsky, 2000) vaticinaba en pleno corralito que Argentina se iba al carajo al leer en una chocolatina ‘Made in Greece’. De eso hace diez años.
Cómo cambian las cosas. Dudé. Me hubiera gustado participar, preguntar, casi reportajear… pero no lo hice. La dependienta me pidió disculpas y me atendió antes de terminar con sus paisanos. Una barra de pan por 65 céntimos. Salí de la Confitería intentando poner en orden las dimensiones de todo lo que pasa en el mundo, intentando ser consciente, al menos, de todas esas vidas que han ido y venido, buscando un futuro para los suyos. A los pocos días, cuando Kirchner nacionalizó YPF y Argentina y España empezaron una nueva forma de entenderse, sobre todo, recordé mi pequeño viaje a Argentina en una panadería de El Puntal, y me cisqué en todo un poco más, aunque no tenga claros los motivos exactos. Vale.
Publicado: 21/04/2012
El balón
El zagalico fue buscando la naranja con detenimiento. Las miraba sin tocarlas, esforzándose por ver toda su superficie sobre el canasto, rodeándolo con curiosidad. Finalmente pareció encontrar lo que buscaba. Esperó a que su padre terminara de atender a una señora que metía en el carro de la compra una bolsa con ajos tiernos, mientras esperaba el cambio. Sólo cuando su padre asintió, el zagalico agarró con rapidez la pieza. Era una hermosa naranja de la huerta de Murcia, de piel gorda, con una leve pero visible desde mi posición, a unos 30 metros, mancha de moho. Ésa era la razón por la que fue elegida, sin duda.
El sol iluminaba el jueves de la temprana primavera murciana en el céntrico mercado de La Fama. El trasiego de amas de casa y transeúntes, habitual, dejaba ese sonido único entre ofertas con acentos perdidos, entre el calé y el panocho más antiguo, mezclado todo con ese olor a verdura fresca y cuero. El zagalico se ató las cordoneras con mimo y fuerza, apoyado sobre su rodilla, mordiéndose el labio inferior, con la naranja elegida sujeta bajo su brazo derecho, como si fuera un balón de fútbol. Su hermana, sentada en el camión, jugaba con una muñeca. Llamó su atención, y ella accedió a mirarle. Dejó su fantasía y se sentó dejando caer sus piernas hacia el suelo, mirando al carril central del mercado, detrás del puesto de frutas de su familia.
El zagalico, con pelo negro oscuro, largo por encima de las orejas y flequillo hasta la nariz, vestía un vaquero viejo gastado y un polo granate de manga larga una o dos tallas grande. Salió al pasillo central saludando al cielo, a un lado y al otro, con la naranja bajo el brazo. Su hermana, gesticulaba con los brazos y aplaudía. Tras saludarla desde el centro del pasillo, entre los puestos, el pequeño tiró la naranja al aire, unos dos metros por encima de su cabeza, y dejó que cayera suavemente sobre su pie izquierdo, controlándola con el estilo y la calidad de un mediocentro de Primera División.
A partir de ahí, pasé los mejores diez minutos de fútbol que he visto este año. El zagalico mostró todo un repertorio de toques, controles, colas de vaca, recortes, amagos… esquivando transeúntes, ancianas, carromatos, postes de los puestos del mercado, pies y más pies, sin perder el control de aquella naranjota, mientras su hermana animaba moviendo pies y manos desde el camión. Al poco, pisó la naranja y la levantó con una facilidad pasmosa, como si la hubiera convertido en un balón reglamentario. La cogió al vuelo sobre su coronilla, y de ahí, la pasó por su cabeza hasta recogerla con el polo que vestía, escondiéndola. Se acercó a su hermana, y se la cedió. Ante el aplauso de esta, hizo una reverencia. Entonces su padre, que pasaba por allí atendiendo a una cliente, le acarició la cabeza, y se miraron cómplices un segundo. Vale.
Publicado: 18/04/2012
San Ginés de la Jara
En mi clase había un Ginés. Murcianísimo. Era un siete puro, de regate rápido y chupón, pero de los que había que tener en tu equipo. Rubio naranja y pequeñico. Cuando pasábamos, camino de La Manga, con el viejo Seat Ritmo, por el Monasterio de San Ginés de la Jara siempre me acordaba de él. Me gustaba auparme a la ventana, y contemplar aquel maravilloso paraje, el Monasterio, con el espectacular palmeral, el pequeño cementerio y el Mar Menor esplendoroso abrazándolo todo. Parecía un cuadro en vivo, y siempre con luces diferentes. Un lugar mágico entre dos curvas de carretera y dos colinas, que heredé, por amor de mi padre, como uno de esos sitios especiales de nuestra Región. Las redes sociales han servido para que un grupo de entusiastas de esta tierra y su historia muevan su memoria, hasta el punto de constituirse en Asociación y empeñarse en recuperar un tesoro más para nuestros nietos, menudo mérito.
Les dejo un párrafo, que comparto al completo, de su página en Facebook, para que sitúen el Monasterio, y calibren la medida de lo que nos estamos perdiendo: “San Ginés de la Jara debería ser emblemático para un ámbito territorial mediterráneo, mayor que el que le corresponde como santo y seña del Campo de Cartagena o, incluso, de la Región de Murcia. Posiblemente, su primera fundación fuera tardorromana. Y, acaso, pudo ser una de las primeras construcciones cristianas en Hispania. Luego fue rábida musulmana, convento de agustinos, más tarde de franciscanos, y tras su desamortización, casa de labranza. Hoy es ruina gloriosa, pero abandonada” y a pesar de haber sido esquilmado tristemente, y del deterioro que padece, sigue dominando una inigualable presencia.
No pierdan el tiempo. Busquen en Faceboook y, literalmente, disfruten un paseo completo por el Monasterio y sus jardines en una exposición de fotos on line que no tiene precio. No tardarán en enamorarse, y menos, en imaginar este tesoro mediterráneo restaurado y como emblema de nuestra historia para regocijo de todo tipo de visitantes. Un Destino Murcia escondido bajo el tiempo, aún más si cabe, por la galopante y onmipresente crisis económica… pero que, como lugar mágico, con Calblanque a un lado y el Mar Menor al otro, y el esfuerzo de más de setecientos amantes de la historia y nuestro patrimonio, estoy seguro, algún día cercano podremos conocer como debiera ser conocido, y ese día, cuando pasemos por allí con el coche, otros muchos niños, en vez de asomarse a la ventana y mirar unos segundos, conocerán mejor la historia de nuestra Región. Causas como esta hacen que la esperanza siga encendida. Salvemos el Monasterio de San Ginés de la Jara. Vale.
Publicado: 18/04/2012
El Rey de los elefantes: Babar
He sido siempre muy de elefantes. Cuando era pequeño mis animales preferidos eran la nutria, y el elefante, la primera por los reportajes de Félix Rodríguez de la Fuente en los que la nutría nadaba por los ríos con aquella maravillosa agilidad, y de los elefantes por muchos motivos, pero especialmente por los cuentos de Babar, el Rey de los elefantes. Babar huyó de la selva, porque un cazador mató a su madre, hasta llegar a la ciudad. Allí aprendió todas las costumbres de la civilización, y cuando volvió a su hogar, le nombraron Rey de los elefantes. Conducía coches, vestía con traje y viajaba en globo. Sin el matiz imperialista del asunto, era sólo un cuento para niños, Babar fue uno de los ídolos de infancia, y culpable de un cariño especial por los elefantes que dura hasta hoy.
Recuerdo pintarlos, calcándolos de un cuento de fotografías de otra de aquellas grandes películas de nuestra generación, La Bruja Novata (1971), en la que el elefante defendía la portería del equipo azul que se enfrentaba al tirano Rey León, idéntico al malvado príncipe Juan de los dibujos de Robin Hood. Aquel elefante paraba los balones con la trompa y los mandaba a la portería contraria, donde un orangután colgado del larguero no dejaba pasar gol alguno. Al final, con el pinchazo del balón tras el remate de un rinoceronte delantero, y un rugido monstruoso del león, el partido terminaba con el balón pinchado dentro de la portería de mi admirado elefante portero, gracias a un chulesco soplido del Rey de la selva. Una derrota claramente injusta.
Los elefantes han estado en nuestra niñez, desde siempre. Cuando hablamos de memoria, de elefantes sobre la tela de una araña, la historia de Dumbo, los dibujitos en los cuartos de bebé, elefantes de papel, o lo místico de sus cementerios en todas las historias de la selva, de la sabiduría de Hathi, amigo de Mowgli, siempre intocables para todos los grandes depredadores… Excepto para el hombre, excepto para aquel cazador que dejó solo a Babar. La cultura, casi siempre, está detrás de todo y la sostiene sobre pilares tan fuertes que es casi imposible obviar, y aún más si no sabemos más que lo que aprendimos gracias a los elefantes de nuestros sueños y cuentos. Vale.
Publicado: 16/04/2012
Mítico Ícaro
Antes de quemarse las alas con los rayos del sol, por el Ícaro pasaron 30 años de bailoteos, casi siempre con la mejor música española, del momento y de siempre, y ese ambiente mítico que se cocinó a fuego lento en muy pocos lugares emblemáticos de la noche murciana, donde se sale por ‘Las Tascas’en su honor. Los de mi generación tuvimos la dudosa gloria de asistir a, al menos, la caída de dos de los grandes templos del tasqueo murciano. Primero fue El Cuervo, duro golpe a esas noches de bolitos, vino dulce, ron en barril y cacahuetes en el corazón de la movida murciana, y poco después, el Ícaro, el coqueto pub decorado con parches, maquetas, fotos y material de aviación, en el que uno se sentía en el bareto de Top Gun esperando que apareciera por la puerta Kelly McGuillis en cualquier momento.
Allí se tomó algún que otro Bacardi con limón el mismísimo Príncipe de Asturias, que era tasca frecuentada por los cadetes de la Academia. Cuenta la leyenda que han sido cientos las gorras de oficiales allí perdidas tras noches inolvidables, y como él, hasta cuatro generaciones de murcianos que iban de tascas. Aún puede leerse en las dos esquinas del bar la palabra Ícaro, con su mítica tipografía, como un último suspiro antes de desaparecer. Ícaro, cerrado desde 2010, justo cuando cumplió tres décadas al frente de la calle de las tascas, se convertirá en salón de cenicas, montaditos y tasqueo tranquilo. Mientras el barrio sigue siendo el de las tascas, las que le dieron nombre a la movida murciana, donde el espíritu de Párraga se aparece a veces al caer la tarde, siguen ahogándose en el olvido.
Dédalo acertó con el Ícaro murciano, tanto, que ahora, treinta años después, verlo caer, con las alas derretidas por el tiempo y tantas otras cosas, produce una especial nostalgia… Esa Murcia que cambia, aun después de haber parido todo un movimiento, siempre dejará en herencia haber dado nombre a ‘Las Tascas’ murcianas. La caída de Ícaro no ha sido por querer subir más y más, hasta quemarse con el sol, el vuelo del Ícaro de Las Tascas sobrepasó el sol, y quedará para siempre en cientos de miles de recuerdos. Vale.
Publicado: 14/04/2012
Huertana y sardina
Ahora que Murcia es la ciudad con más fiestas de interés turístico internacional deberíamos plantearnos lo que muchos comentamos todos los años con los primeros bolitos al sol, ya sea el día del Bando, o el del Entierro. Acho, que las Fiestas de Primavera están muy bien, pero nos pillan a desmano las mires por donde las mires. Decía 'Roper' en la genial pitocrónica sardinera el otro día que lo de la semana de Primavera se le ocurrió a un par de murcianos que veían cortica la Semana Santa… Pues si, pero el Bando ahí en medio de la semana, los días laborables, el tráfico y los desfiles, y los niños sin colegio es dar un pasico hacia delante y dos hacia atrás, que uno no termina de ubicarse. Además, acho, ahora con eso de juntar las fiestas para que se arrime más el hombro, que la Merkel nos saca la chasca, nos lo ponen a huevo, que si nadie dice lo contrario, sardineros y huertanos, son hermanos.
La cosa sería pegarnos el Puente de Primavera. Sólo habría que cambiar los eventos un poquico de sitio, llevando el Bando al jueves, y dejando para la noche del miércoles un acto multitudinario, al tipo chupinazo sanferminero, con pitocrónica como pregón sardinero y lectura del Bando de la Huerta entre el júbilo popular en la noche del #pastelicodecarne. Jueves, día del Bando, al uso. Viernes, desfile de Murcia en Primavera, Testamento y Velatorio de la Sardina, y el Sábado, el Entierro, al uso. A todo esto, lunes, martes y miércoles, laborables, pero pijo, con sus barraquicas que la gente salga del currelo y se eche unos michirones, y las tunas y demás, que le den vida a esas tardes noches, pero lo que es el festorrio, arrejuntaico que la gente pueda hacerse el puente. Seguro que los touroperadores pueden vender mejor el pack Bando + Entierro, acho, que somos internacionales.
Para mejorar, a veces, hay que tomar decisiones atrevidas, y con la tradición que ya pesa sobre Bando y Entierro este cambio sólo haría bien. La concentración de fiesta sería mayor, y menor a la vez, que la gente tendría que administrarse, se podría disfrutar más y mejor de los eventos, con descanso, y ya de paso, que por Ley no pueda jugar el Real Murcia el sábado del Entierro, que para eso queda maravilloso el domingo de primavera, pijo, que este año, por mucha fiesta internacional que tengamos, nos han hecho la del pito. Saquen el tema en la barraca, y a ver qué le parece a la pesca el asunto. Puente de Primavera en Murcia, tres noches, cuatro días, dos fiestas de Interés Turístico Internacional, sol, gastronomía, folclore, conciertos, desfiles, charangas, alegría huertana… me lo quitan de las manos. ¿Cómo ves el puente del Bando sardinero? Vale.
Publicado: 11/04/2012
Detalle
Media Murcia está cubierta por un manto de nubes negras cargadas de agua, y la otra media por un cielo azul, del mismo color que la fachada de la Iglesia de Jesús, protagonista en la ciudad la tarde de Jueves Santo. Los nazarenos miran al cielo, y a la pantalla de sus teléfonos, mirando los radares que siguen al minuto la dirección de las nubes. En Lorca, Cieza, Totana, Cartagena… se repiten esos gestos. Bullen las tradiciones en las redes sociales. En San Agustín, los Auroros comienzan a hacer sonar su campana, cantando salves que resuenan en la historia de la ciudad, mientras la cola para contemplar los salzillos sigue creciendo. Los niños buscan el limón con forma de ratoncico, en la mesa de la última cena, mientras los cofrades terminan de organizar con mimo la salida de la procesión.
En San Agustín, a unos metros de las campanas de Auroros, que van congregando a cientos de curiosos en silencio, llegan los estantes de La Oración en el Huerto con los dátiles y las hojas de palmera. El ritual se repite todos los años. Unos porrones de vino dulce, unos dátiles frescos para coger fuerzas, y a montar la palmera que saldrá en procesión, en lo alto del paso, donde señala el ángel. Dice la leyenda que esos dátiles, traídos de Jerusalén todos los años, poseen el don de la fertilidad. Tras la procesión, se los disputan las parejas que buscan un hijo este año. – El año pasado vino un señor de Madrid, que se llevó un racimo para su hija, a presentarnos a sus nietos gemelos... Comenta un estante entre aspavientos.
El sueño puede con un bebé en su silleta, al tiempo que los Auroros ya llenan la plaza acompasando sus salves, y el cielo termina de despejarse, aunque los nazarenos siguen mirando con nervios, y lo harán toda la noche. – Que no llueva aquí, y que no llueva en Lorca… pide otro viejo conocido cofrade morao, mientras entra en la Iglesia con cara de preocupación. Apenas dos fotógrafos y una cámara de televisión recogen la antiquísima tradición de Jueves Santo murciano, ajena a muchedumbres. Cuando el primer rayo de luz del Viernes Santo toque el pórtico de la Iglesia de Jesús, Murcia volverá a maravillar al mundo con sus salzillos y el morao de una procesión que es, por encima de todo, alma de esta ciudad. Vale.
Publicado: 11/04/2012
Chaleco, claveles, pin
Si va de huertana o de huertano, o el color del traje, acho. Son esas cosas que el día del Bando de la Huerta casi siempre cuadran, porque el vestirse de huertano lleva mucho de la personalidad de cada uno. Los detallicos que cada cual clava en su atuendo hacen que cuando los veamos al sol el día de las cañicas y las marineras, todo cuadre, como si ya supiéramos que fulanico llevará el fajín rojo, verde, azul o negro, le pegue más el traje de lujo, el de huertana fijo, el mantón, el top bajo el chaleco, las huertano y el que no falla, año tras año, esparteñas de carretero enfrentado al que con mimo se recoge las medias en vueltas sobre unas deportivas de moda, incluso unas All Star, hay quien lleva.
La moda en el tema huertano da para una tesis y un buen álbum de tipologías. Un año habría que hacer una pasarela completa y determinar los ocho o diez clásicos de bando de ellos y ellas, que los hay, sobre los que se construye el resto. Si, acho, también hay cool hunting el martes grande de Murcia, como el uniforme del visitante, camiseta blanca, fajín sobre vaqueros y claveles en pelo y/o escote. Jugar a adivinar el color es una de esas pequeñas cosas del día del Bando que no falla, como el almuerzo antes de los vivas a la Fuensanta en Santo Domingo, la salchicha de Lorca, este año más que nunca, o hacer el paripé de periodista que retransmite el evento explicando el detalle que ha elegido este año Estrella Levante (me niego a poner el ‘de’) en sus botes específicos de las Fiestas de Primavera, que siempre tienen sus detractores y sus defensores.
La cara de tontico al engancharse con el mantón de una huertana, que ahí siguen, y olé por ellas que se visten de guapas, el momento alguien bailando en una barra, y esas horas de la tarde que mires donde mires hay parejas de novios en los años buenos que discuten sobre a qué hora vuelven a verse para firmar que siguen juntos, superando un Bando más. De rojo, zaragüel de toda la vida, esparteñas y pin del Real Murcia. Sin gafas de sol, que las pierdo y con tiempo de acercarme a Gran Vía a ver el desfile un ratico, que el Bando es el Bando, acho. Nos vemos en las barricas, disfruten el día de Murcia. ¿De qué color vas en el Bando? Vale.
Publicado: 4/04/2012
El mus, por Mingote
Siempre he relacionado a Mingote con el mus. Cuando empecé a jugar, en los ratos muertos de aquellos veranos largos de colegial, me regalaron un jugoso libro suyo con todos los trucos básicos y dibujos explicativos. Cuando muere alguien como Mingote uno relativiza el tiempo, y en ese instante en el que llegan los recuerdos sobre el personaje, se contempla el paso de la vida. Recordaré siempre este pasado Lunes Santo murciano por muchas cosas, especialmente por las caricas de los zagales pidiendo un caramelo en las que uno se ve hace años, estirando el brazo hasta que dolía, mirándole a los ojos a los nazarenos. Cumplí el sueño de dar caramelos llevando la tradición murciana en procesión.
José María Falgas me recibió en San Antolín, cámara en mano y sonrisa puesta, como siempre que le he visto durante todos los años que llevo en el periodismo. Me ayudó con el estante, menudo nazareno novato soy, y la almohadilla, con esa generosidad murciana que celebra nuestra Semana Santa. Detalles que no se olvidan nunca, como el abrazo sincero de Don Alberto Castillo, ese nazareno gigante que revolotea entre todas las túnicas murcianas.
Una Semana Santa que empezó con dos resurrecciones deportivas en esta, nuestra Región. La del Real Murcia, al menos momentánea, con el respiró de ganarle el derbi al Cartagena, acompañado por 600 fieles, que despidieron con orgullo a su equipo, algo que a los que amamos este deporte nos regaló una gran sensación de respeto. El fútbol giró otra vez destinos, y volvió a enseñar que todo es posible. Resucitó el grana, que ahora tiene en su mano ganarse el derecho a luchar el año que viene por ascender, y también el Cartagena, porque el orgullo de quienes le animaron en la derrota les da una vida mucho más importante que cualquier descenso, si es que se consuma, y hace olvidar heridas recientes y crecer en esto del fútbol mucho más que cualquier victoria.
El Primaverano trae esa inestabilidad propia del tiempo, y del alma, que recuerda a unos buenos gallegos en segunda mano, ese dúplex de pitos y reyes para ir a la pequeña y a la grande y ganarlo todo a los pares, aunque esas cartas haya que ganarlas sin juego, un poco como este 2012 en el que no llegaremos a 31, ni mucho menos, pero en el que siempre nos queda darle vida a la mano que nos cae con todas esas pequeñas cosas que siguen pasando un día tras otro. Enviden, y disfruten de los días largos. Descanse en paz, maestro. ¿Van a chica y a grandes? Vale.
Publicado: 3/04/2012
El Mochuelo
La avenida termina de repente, como si le hubieran pegado un corte seco a una tarta con forma de ciudad. Las aceras, el asfalto, la línea del tranvía, la preciosa y amplia redonda, los edificios en curva, las hileras de coches nuevos aparcados terminan bruscamente en un oasis en medio del avance de la ciudad, parado hace unos años, que cambió el ejército de grúas hacia el Norte por grandes bloques de hormigón sin terminar o solares vallados entre caserones que resistían a la vorágine urbanística. Uno de esas casicas irreductibles permanece allí, en medio de lo que alguna vez fue todo huerta, con su terracica rodeada de caña y maleza, y un camino de tierra que surge del corte, que a sólo unos metros, representa el parón económico de la burbuja murciana.
El Mochuelo es un oasis en forma de merendero de toda la vida. A un minuto del tranvía, una isla de calma y luz huertana, que parece haberse salvado en el último minuto de las máquinas excavadoras y las grúas. Dar ese paso del asfalto a la tierra es como cambiar de mundo. Sentarse a la sombra del techado, esperar la carne a la brasa o el arroz y verduras echando un bolito con buenos amigos y un plato de embutido murciano es lo más cercano a estar en el paraíso, habicas tiernas y unos tomates con bonito.
Como si no fuera con ellos, allí sigue esa fórmula cosechando triunfos. El Mochuelo resiste, no sólo al tiempo, a las grúas y a la ciudad, también a la revolución de la cocina y la restauración, sin más fórmula que la naturalidad y la lógica aplastante, esa que hace que no tengas que pedir nada, cuando el camarero con la voz rota, de esos a los que habría que poner a negociar con los mercados financieros a ver si alguien les metía en cintura, te plantea la comida perfecta con dos o tres frases, y un poco de conejo con tomate. Ojalá nunca perdamos los sitios como El Mochuelo, y si alguna vez recuperamos la vorágine, tengamos en cuenta respetarlos, incluso darles una identidad, una denominación de origen, porque esos merenderos de huerta son únicos, tesoros de Murcia. Vale.
















